Hallan la octava maravilla del mundo luego de 131 años

Publicado el 21 de junio de 2017

Para 1886, una erupción volcánica mantuvo ocultas a Las Terrazas Rosas y Blancas, considerado uno de los paisajes más asombrosos del mundo, ubicado en Nueva Zelanda. El cual, investigadores aseguran que se mantiene en elogioso estado de conservación luego de un siglo.

Hace siete años, la científico e investigadora Sascha Nolden, identificó unos diarios pertenecientes al geólogo Ferdinand von Hochstetter. En los cuáles se hallaba el dato preciso de ubicación de las terrazas. Dichos datos, reflejaban los hallazgos de 1859 sobre el lago Rotomahana, al norte de la Isla Norte de Nueva Zelanda.

Estas terrazas fueron por mucho tiempo la atracción turística más importante del hemisferio sur y del Imperio Británico.

Aún así, por la consecuencia de la acción volcánica, además de los 131 años que transcurrieron quedaron en el olvido. Sin embargo al difundir su existencia Nolden, un equipo logró alcanzar reconocimiento por su trabajo, quienes se afanaron por superponer el contorno del lago y establecer las diferencias con su estado actual.

Los especialistas sostuvieron en un comunicado, en un periódico de Nueva Zelanda : “Después de más de 2.500 horas de investigación en los últimos 12 meses, estamos seguros de que, después de todo este esfuerzo, hemos identificado las ubicaciones de las terrazas. Estamos más cerca de lo que nadie ha estado en los últimos 130 años”.

De acuerdo al relevamiento, las terrazas ya no están debajo del lago, pero sí en sus orillas, bajo una capa espesa de ceniza y escombros. Alejadas unos metros de su posición original, la erupción del 10 de junio de 1886 no solo la desplazó sino que también las ocultó. Varios años más tarde, el cráter se rellenó con su agua.

Las mismas son peculiares por sus cascadas y escaleras casi interminables de agua, formadas por grandes cantidades de bicarbonato de calcio que fueron arrastradas a su vez por el agua caliente. Luego, ya como carbonato cálcico, emergieron las amplias capas caliza y travertino.

Surge así una paradoja, nunca desde el Imperio Británico se intentó establecer en registros oficiales su ubicación exacta. Por eso, los investigadores debieron recurrir a documentos previos encontrados un siglo y medio después.

Después de lograr el permiso del pueblo iwi para excavar el área en cuestión, el equipo espera comprobar su hipótesis: encontrar tal como estaba 131 años atrás la octava maravilla del mundo.

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