Aseguran que Benedicto XVI renunció por informe de sexo y corrupción en el Vaticano

Publicado el 21 de febrero de 2013

Lobis económicos, sexuales y de tráfico de influencias a altísimos niveles, con verdaderos aparatos para enfangar a adversarios de carrera. Además de los dos cardenales electores que encubrieron a clérigos pederastas, en el próximo conclave entrará un informe ultra secreto, que con toda probabilidad ha constituido la gota que colmó el vaso de Joseph Ratzinger y que le animó a renunciar al cargo. La historia, revelada este miércoles por la periodista Concita di Gregorio en el diario La Repubblica y otro artículo en la revista rival Panorama con el título “No fornicarás, no robarás”, da un giro a las razones alegadas por Benedicto XVI para abandonar el papado.

Todo surgió a raíz del llamado Vatileaks, con las filtraciones al exterior de documentos personales, reservados o secretos de Benedicto XVI. A raíz de aquel asunto fue detenido, encarcelado y procesado Paolo Gabriele, mayordomo personal del papa, transformado en el único culpable del caso. Sin embargo, como ya sabía, el papa instituyó una comisión de tres cardenales para que realizase la contra investigación política sobre el Vatileaks.

 

Se trata de tres cardenales ancianos: el español Julián Herranz, el eslovaco Jozef Tomko y el italiano Salvatore de Giorgi, que el pasado diciembre entregaron al Papa su informe final. Son dos tomos de 300 páginas, con los nombres, vida y milagros de quienes trabajan en el gobierno central de la iglesia. Su informe se suma a otro sobre la corrupción interna, llevado a cabo por el arzobispo Carlo Maria Viganò a instancias del Papa y alejado después de Roma por la Secretaría de Estado, la Moncloa del Vaticano.

Personajes chantajeables

El informe de la comisión de los tres ancianos cardenales -cuyo presidente Herranz es del Opus Dei- constituye una radiografía del gobierno de la iglesia en la que salen a relucir los varios lobis que actúan debajo de los papas, sus actividades y sobre todo debilidades. Precisamente a causa de sus debilidades económicas y sexuales, muchas de las personas interrogadas por el trío cardenalicio serían chantajeables, o como escriben en latín, sujetos a una “impropriam influntiam”.

La radiografía evidenciaría la existencia de varios lobis, el más curioso de los cuales sería el homosexual, con incluso centros de citas en la periferia y centro de Roma, que los protagonistas han desmentido en los interrogatorios. Otro grupo, unido por sus orígenes, constituiría una verdadera central para favorecer o destruir carreras y un tercer grupo usaría ingentes fondos económicos para influir en las decisiones del gobierno papal. “Todo gira entorno a la no observancia del sexto y séptimo mandamiento de la iglesia (no “cometer actos impuros” y “no robar”).

Los tres cardenales no entrarán en el conclave por razones de edad, pero su informe será determinante para la elección del sucesor.

 

Agencias

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