¡Eficiencia o nada!

Publicado el 6 de noviembre de 2012

CARAS_0000_ANTONIAMUOZ.jpgPor Antonia Muñoz

¡Eficiencia o nada, ha sentenciado el presidente Chávez, lanzando un grito de guerra contra de la ineficiencia! Para ejecutar tremenda, pero necesaria y urgente Misión, está la Almiranta Carmen Teresa Meléndez de Maniglia, ya que el Presidente agregó la función de SEGUIMIENTO a las que ya poseía el Ministerio del Despacho de la Presidencia. La tarea no es fácil porque el problema de la ineficiencia es multifactorial.

Sin embargo, ir abordando la situación paulatinamente, tampoco es imposible si se comprende y considera cada uno de los factores involucrados. Prohibido olvidar que en la tarea que nos ocupa está presente UN ALTO COMPONENTE CULTURAL. Para tratar de hacernos entender, comencemos por recordar un dicho que reza: “LO QUE NADA NOS CUESTA, HAGÁMOSLO FIESTA”.

Para unos cuantos venezolanos y venezolanas, las tareas y obras públicas no son responsabilidad de nadie en particular, sino del gobierno, como decimos comúnmente. Y como muchas y muchos funcionarios públicos, además de no sentirse gobierno, no se asumen como servidores públicos; no importa si hacen sus tareas a media máquina o “manga por hombro”. ¡Al fin y al cabo, no me voy a matar trabajando porque yo solo no voy a componer el mundo! Lo que no entienden quienes así razonan, es que si cada quien hace su parte con excelencia, el producto será excelente. Aquí es importante el reconocimiento al mérito: NO PUEDE DAR LO MISMO HACERLO BIEN QUE HACERLO MAL!

No generalizamos porque sería injusto, pero parte del funcionariado público no llega a sus cargos por VOCACIÓN, lo que aseguraría que harían su trabajo con entusiasmo. Lastimosamente a veces necesitamos el empleo, pero no nos gusta el trabajo que el mismo implica. Hace unas tres décadas atrás, estaba convencida que “echar el carro” de vez en cuando, era algo muy de nosotros los latinos.

Sin embargo, la vida te da sorpresas. Trabajando en un laboratorio donde se determinaba la composición química de las muestras de pastos y forrajes, al ver a la técnico jefe del laboratorio preparándose para irse antes de la hora, medio en broma, medio en serio, le pregunté ¿Nancy y para dónde vas tú? Y ella en el mismo tono jocoso me contesto: “A casa, suficientemente bueno para ser un trabajo del gobierno” (Good enough for government work). Al menos en Texas, pareciera que las labores de instituciones públicas también las podemos descuidar un poco o no tomarlas tan a pecho.

Tenemos otro factor con raíces culturales bastante importante, como es: la RESISTENCIA A LA SUPERVISIÓN y A RENDIR CUENTAS. Tenemos la tendencia a considerar la aplicación de estas dos herramientas como una agresión, ataque personal o acoso laboral; cuando todo funcionario público está obligado a ser eficiente y a rendir cuentas.

Además, la supervisión a tiempo, permite ayudar en cualquier proceso y a evitar males mayores y a veces irreversibles. Otro factor, que también tiene ciertos visos culturales y que se debe tomar en cuenta en la búsqueda de la Eficiencia en la Administración Pública es la FALTA DE CONTINUIDAD ADMINISTRATIVA. A lo cultural se añade, la particularidad de cada gerente y la impunidad que arropa y protege a este tipo de falta administrativa, la cual produce tantas pérdidas financieras por el encarecimiento de las obras, y tanto descontento en la población beneficiaria de la misma.

Algunos y algunas mostramos nuestro individualismo y egoísmo, considerando que siempre es una pésima idea cualquier obra que conciban e inicien los demás, por lo que toman esa como razón de peso para no continuarla, lo que hace que muchas veces se formen “cementerios” de obras inconclusas que hablan muy mal de la administración pública.

Quienes así actúan hacen mucho daño económico y político, y sin ninguna duda desconocen aquello que nos enseñan en Pedagogía: “los hombres pasan, las instituciones quedan”. El mensaje a los docentes en formación; es que trabajemos en función de fortalecer la institución en la cual nos toque desempeñarnos, teniendo en cuenta que cada uno de nosotros es pasajero en el tiempo y lo que perdura es la institución.

Otro factor a considerar en la búsqueda de la eficiencia administrativa es el BUROCRATISMO, monstruo de mil cabezas contra el cual tenemos que batallar hasta dominarlo. Por alguna razón que no se entiende, somos expertos en complicar los procesos en vez de simplificarlos. En este sentido, debemos tener presente un dicho muy conocido: “ni tan cerca que queme al Santo, ni tan lejos que no lo alumbre”, que es equivalente a decir “ni tanto ni tampoco”. No se trata del “todo o nada”.

Una cosa es “hacerle la vida de cuadrito” a la gente de tanto papeleo que se vencen después de cierto tiempo, como se vencían las partidas de nacimiento, y otra cosa es, por ejemplo, entregar un crédito solicitando como único requisito la cédula de identidad. Una cosa es pedir la tradición legal desde que Simón Bolívar repartió los haberes militares entre los soldados que se alistaban al ejército patriota, y otra cosa es darle crédito a un supuesto agricultor para que siembre maíz, sin que un técnico diligente constate la información, y después se descubra que la única tierra que tiene disponible es la que acumula en sus uñas; o que la tierra que dice poseer es un estero donde se podrá criar cachama, pero nunca producir maíz.

Finalmente, más por falta de espacio que por agotamiento del tema; cuando se trata de obras materiales, LOS CONTRATISTAS y LOS SUPERVISORES DE OBRAS, juegan un papel importante en la eficiencia (incluye tiempo, costo y calidad) de la construcción. Salvo honrosas excepciones, las obras nunca son entregadas a tiempo.

Casi siempre las obras terminan costando más de lo establecido en el contrato inicial y uno se pregunta: ¿Malos cálculos? ¿Picardía para ganarse la obra cuando se trata de licitación? ¿Estragos de la inflación por lo amplio del lapso entre la elaboración del proyecto y su ejecución? ¿Alcabalas ocultas que cobran lo suyo? La calidad de la obra depende mucho del Ingeniero inspector y de la comunidad beneficiaria que debía aplicar la CONTRALORÍA SOCIAL; siempre y cuando le informen todos los parámetros sobre la obra. Argimiro Gabaldón, no dijo que fuera fácil! Todo lo contrario, él nos advirtió que: ¡El camino es duro, muy duro, pero es el camino!

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