Conoce cómo fue la vida de Gladys Vera, la sempiterna reina de la gaita

Publicado el 15 de septiembre de 2015

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Sonríe con más pureza que nunca. A los pies de su amada Madre, Gladys Vera ascendió la tarde de ayer para engalanar, con infinita alegría, al coro de ángeles que cantan himnos santos para la Virgen María y su Hijo Dios.
 
“Cuando canto a la Virgen siento una elevación que no sé explicar, es Ella la que conduce mi cantar”, decía Gladys Mercedes Vera Mora, la cantante femenina más reconocida del género gaitero, al consagrar su vida y su prodigiosa voz únicamente a la gaita zuliana, por ello se ganó de sobra la designación de Sempiterna Reina de la Gaita, entre sus colegas intérpretes del ritmo pascuero, los mismos que, junto a sus dos hermanos, su madre, esposo, familiares y amigos, hoy lloran su partida tras varios días en los que luchó contra una infección respiratoria en la UCI del Hospital Clínico.
 
La voz mezzosoprano de “Amor marginal” nació el 4 de julio de 1949 en el sector La Hoyada, donde hoy se encuentra la tienda Enne, al final de la avenida Bella Vista,  donde estaba para la fecha de su infancia, la hidrológica de Maracaibo, contó su hermano mayor Miguel Mora, por lo que siempre veían pasar a los aguadores en burro, llevando las latas de agua para repartir de casa en casa.
 
“Nuestra infancia transcurrió allí, mientras, nuestra madre fue madre y padre a la vez, ayudaba a atender el restaurante de un pariente para levantarnos como familia”, detalló su hermano Miguel, quien vivió con Gladys hasta sus últimos días. “A mí me tocó trabajar desde joven para contribuir con los estudios de mis hermanos, que estudiaron en el colegio La Merced. Luego fundamos juntos el conjunto Santanita, que primero se llamó Santa Canoíta, en los que ella fue primero furrera y luego cantante, alternado con peluquería en sus inicios, por eso siempre iba a todas partes impecablemente peinada y lo demás ya tú lo sabes…”.
 
Pero su voz era una “fuente divina”, como la canción que interpretaba en honor al Lago, “llena de plenitud y transparencia”. Difícil es pensar que sus inicios en la gaita fueron tocando otro instrumento que no fueran sus cuerdas vocales. 
 
“Ella me contó que nunca nadie le dijo como tocar el furro. Que ella prestaba atención en la televisión   y como lo hacían los demás, comenzó a darle con la mano izquierda y le salió”, contó la anécdota su amiga y comadre Marina Salas.
 
“Nosotros sabíamos que cantaba bello porque lo hacía siempre  en las veladas familiares. Pero no fue sino hasta un día que faltó la vocalista Raiza Portillo al grupo Santanita, en 1966, y probamos con ella —añadió su hermano Miguel—. Y desde entonces más nunca dejó de cantar”.
 
León Magno Montiel, periodista con larga experiencia en la historia de la gaita explica el despunte del éxito de Gladys Vera: “En 1973 pegó el tema Yo soy la gaita, en 1974 logró el primer premio en el Festival de Gaitas Virgilio Carruyo, con el tema Mi orgullo, de Astolfo Romero. Comenzó así, su saga de triunfos. Le siguieron gaitas de gran calidad, como Estampas, también de Astolfo”.
 
 
 
A finales del año 1979 Gladys es diagnosticada de lupus. Sus colegas del mundo gaitero le realizaron un homenaje, liderado por Henry José Chirinos. Ricardo Portillo le compuso el tema Mis gratos recuerdos.
Su patología se hizo estacionaria gracias a su inquebrantable fe y a su vida sana, pues no tomaba, no se trasnochaba y era estricta a la hora de tomar sus medicamentos. Así pudo seguir  su carrera. 
 
“Quizá por la enfermedad o hasta antes de ella, Gladys era la consentida de todos los gaiteros, en el sentido de que la cuidaban mucho en cada presentación. Y, por supuesto, su mayor cuidador y eterno novio, es su esposo Fernando Calzadilla, militar retirado, que siempre estaba a su lado atento de sus cuidados, con quien vivía en la urbanización El Naranjal”, testifica su amiga Marina Salas, quien agrega que la fe era un punto característico de Vera.
 
“La forma como se enamoraron siempre la cuenta Fernando —añade Marina—, y fue en el Hospital Militar de Caracas. Él conocía a su hermano menor Oswaldo Vera, y como su mamá estaba hospitalizada allí, fue a visitarla, y en vez de ver a la señora, lo primero que vio fue a Gladys y su belleza”.
 
En una entrevista concedida al Diario Panorama, Vera reconoció que lo más difícil que le tocó enfrentar en la vida no fueron las enfermedades, sino su divorcio (con el primer esposo) y el no poder tener hijos a causa del lupus: “Son cosas que dolieron y en su momento eché mi lagrimita, pero Dios me enseñó que los hijos no son lo único en la vida que da la felicidad. Sino tenerlo a Él en el corazón”.
 
Desde entonces Gladys Vera se convirtió en testimonio de vida para los gaiteros. Jesús Terán Chavín, su gran amigo en el mundo gaitero, cuenta con orgullo que luego de su crisis, aprendió a decir por Gladys Vera: “Soy un hombre nuevo y feliz”.
 
 “Que mi Dios y la Virgen te cubran con su manto mi amor”  era siempre su frase de despedida con sus familiares y amigos —recuerda con nostalgia su amiga Marina—. A veces cuando la llamaba a su casa me decía que iba a hacer su rosario antes de salir y siempre iba a misa”.

 Bien profesó la  fidelidad a la gaita en vida, y lo rezaba con la “fuente divina” de su canto: “De Maracaibo soy / y qué orgullosa me siento / de llevar así por dentro el gentilicio zuliano / de ser gaitera / de sangre y de corazón…”.

Trabajo Especial de Panorama/www.diariorepublica.com

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