No todo es color de rosa: 5 razones por las que el viagra femenino no es tan bueno

Publicado el 21 de agosto de 2015

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No son buenos tiempos para la libido. O de eso alertan los psicólogos y expertos en salud sexual, como la psicóloga y sexóloga María Felipa Gea López, que cada vez recibe más visitas en su consulta de mujeres víctimas de la pérdida de apetito sexual.

Este ‘trastorno del interés’, afirma Gea López, puede acabar provocando graves problemas de pareja, ya que la sexualidad es una parte esencial de la relación, tal y como lo serían la confianza, el apoyo o la comprensión mutua. “Cuando uno de los pilares falla, todo lo demás acaba resintiéndose”, apunta la experta.

Por eso, el hecho de que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) haya decidido aprobar la comercialización de la primera píldora, Addyi, dedicada al incremento del deseo sexual de las mujeres, ha acaparado la atención del sector femenino. En este sentido, Gea López recomienda mucha precaución en cuanto a su uso, ya que los estudios no ofrecen una seguridad que, explica, “compense los efectos secundarios con los beneficios que se pudiesen obtener con ellas”.

De hecho, esta pastilla está siendo objeto de polémica. Y no es para menos, ya que dista mucho de parecerse a la ‘milagrosa pastilla azul’ que facilita la erección masculina. Estas son las cinco diferencias y situaciones que esta pastilla no te va a solucionar.

No sirve para momentos puntuales
El principal problema de Addyi es que, al contrario de lo que ocurre con la azul, debe tomarse diariamente, y no solo en el momento de tener relaciones sexuales. Por lo tanto, su toma requiere regularidad, y los efectos no se perciben hasta pasado un tiempo. Algo poco práctico cuando se trata de encuentros o situaciones eventuales.
El resultado no es instantáneo
Este fármaco nació como un antidepresivo, por lo que concentra su acción en el cerebro. Es decir, que mientras la viagra masculina actúa a nivel físico, la femenina lo haría directamente sobre la libido, que se trata de una cuestión cerebral. ¿El problema? Que los resultados no son tan claros, ni tan rápidos. Y tampoco se dan en todas las mujeres de la misma manera. Sobre esto, Gea López opina que no dejaría de tener el mismo efecto que cualquier otro afrodisíaco.
Tiene efectos secundarios
Como ocurre con otros tratamientos, los ensayos sobre este tratamiento mencionan la existencia de ciertos efectos adversos, como náuseas, trastornos del sueño o mareos, entre los síntomas leves más comunes. No obstante, advierten de que estos problemas podrían complicarse si se mezcla este con alcohol u otros fármacos, como los anticonceptivos hormonales. “Existen muchos interrogantes en el terreno del deseo sexual femenino y no se sabe aún qué es lo que desencadena el trastorno de deseo sexual hipoactivo biológicamente. Por este motivo, es muy arriesgado plantear un tratamiento mediante pastillas. Es jugárselo todo a una carta”, alerta Gea López.
Hay que contar con el factor psicológico
Según afirma la experta, la diferencia encontrada entre el grupo de mujeres a las que se les suministraron pastillas de placebo (sin contenido alguno del fármaco) y el grupo que seguía el tratamiento, fue mínima. “La diferencia se resume en que el segundo grupo tenía una relación sexual más al mes, lo cual deja en el aire el papel de la sugestión en este tema”, insiste Gea López.
Puede que, aun tomándolo, no se solucione el problema
La falta de libido, explica la experta, es un problema más psicológico que físico, y por esa razón, al desconocerse la causa exacta del origen de la pérdida de apetito sexual, tampoco puede asegurarse que con un tratamiento concreto vaya a recuperarse. “A veces, la respuesta está en factores más sencillos, como, por ejemplo, la educación y el autoconocimiento sexual, así como el destierro de mitos creencias erróneamente implantadas”. Sobre esto, Gea López opina que hay que entender el deseo sexual como algo vivo, que es necesario experimentar para conseguir disfrutarlo plenamente. “Creemos que el deseo sexual debe aparecer antes de tener relaciones sexuales, pero no. Sobre todo en el caso de las mujeres, es como ir al gimnasio. Debes empezar a ir para poder generar el deseo de volver”, reconoce.

 

Especial de El Mundo de España / www.diariorepublica.com

 

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