Entre droga y alcohol transcurrió la vida de la mujer que asesinó a su hija de 3 años

Publicado el 7 de octubre de 2017

En Caimare Chico, un apartado lugar del estado Zulia, perteneciente al municipio Guajira y conocido en todo el país por sus playas, nació Yoliber del Carmen Montiel Montiel (23), quien se ganó el remoquete de “La caníbal zuliana” por matar a mordiscos y golpes a Jhoana Montiel, una de sus hijas de apenas tres años, en una vivienda alojada en el barrio La Arreaga, al sur de Maracaibo.

Es la tercera de siete hermanos de la etnia wuayuu y hasta los quince años su vida se desarrolló con normalidad. Estudiaba como todos los niños de ese poblado. Su madre se separó de su marido y luego comenzó a mantener una seguidilla de relaciones con otros hombres. El hogar se convirtió un poco disfuncional  y a los doce años se abrió paso en el campo laboral para obtener el dinero que le era escaso. Comenzó a viajar al centro de Maracaibo con sus hermanas mayores y allí se dedicó a vender de manera ambulante bolsas y agua pero al pasar los meses fue adquiriendo mayor libertad hasta que se hizo más independiente.

En los principales mercados de Maracaibo se relacionó con personas de no muy buena reputación y fue seducida por el vicio. Comenzó a fumar y beber. Ya a sus quince años hacía lo que se le antojara y a esa edad desapareció por completo de su casa. “Ella se fue de repente y a los días nos dijeron que se la mantenía en el centro de Maracaibo con personas extrañas. No supimos más de Yoliber hasta que se presentó nuevamente en Caimare Chico, embarazada. Allí tuvo a su primer hijo quien hoy tiene cinco años. A los pocos meses se lo dejó a su madre y esta lo terminó de criar.

Volvió a tomar la calle pero ya su vida estaba sumergida en el alcohol y las drogas. “Se convirtió en una estrella fugaz, se perdía y de repente aparecía. En esos pasos se embarazó otra vez y dio a luz a Jhoana. Como lo hizo con su hijo varón, la abandonó de tres meses y la carga recayó otra vez en su madre, quien falleció el pasado mes de junio en el sector Sipi Sipi, del municipio Mara, por las inmediaciones del matadero de pollos de la empresa Vilva, lugar donde la familia se mudó hace 18 años”.

 

Yoliber continuó su alocada vida y se unió sentimentalmente a Gustavo Ferrer, un colombiano de 26 años. Sus familiares no saben dónde lo conoció. De este solo llegaron a saber por comentarios que era un gran consumidor de droga, de los llamados “piedreros”. Con él tuvo una hija que ahora tiene un año, a la cual tampoco crió. Su actual suegra, Dilia Ferrer, se encargó de su manutención. Al lado de la casa de esta mujer, en el barrio La Arreaga, se mudó hace apenas un año Yoliber Montiel con su pareja Gustavo.

Estos dos se convirtieron en noticia mundial luego que el pasado jueves por la noche funcionarios de homicidios del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas, los arrestaran por el asesinato de la pequeña Jhoana.

Para esta niña su vida era  normal en casa de su abuela en el municipio Mara hasta que hace un mes, su madre Yoliber, fue a buscarla con la excusa de que le compraría ropa. La pequeña se encontraba en buen estado de salud y sus tías mostraron una foto de esta que le fue tomada recientemente. En efecto se le observaba saludable y sonriente, con su pelo semi largo. Sorpresa para ellos fue cuando la vieron nuevamente en la morgue, con el cabello rapado, profundas mordeduras en todo el cuerpo, arañazos, quemaduras y golpes, pero sin saber que también habíasido violada, lo que determinarían luego los médicos forenses al hacerle la autopsia.

Su madre y su padrastro, habían sumergido a la niña en un mundo de maldad. Se especula que le causaron todo ese daño físico y psicológico en medio de ritos satánicos por grandes consumo de droga. Yolimar llegó a decir que la mordía porque no tenía nada que comer. Pero además la quemaron, al parecer con cigarrillos y objetos metálicos puestos al fuego, le arañaron sus brazos, piernas, espalda y le cortaron todo su cabello. De paso fue violada, presuntamente por Gustavo Ferrer y recibió cuatro golpes en la cabeza. Fue toda una barbarie lo que hicieron con el infante. Vecinos de La Arreaga aseguraron que Yoliber le daba volumen a su equipo de sonido para que no escucharan el llanto de la bebé cuando la castigaba.

Luego que la mató, pretendió simular el crimen y la llevó al hospital Chiquinquirá de Maracaibo a las nueve de la noche del pasado jueves. Había dicho que la niña se había caído y tenía mucha fiebre. No pudo engañar a nadie. La médico que le descubrió el cuerpecito notó inmediatamente que estaba sin vida, marcadamente mordida y golpeada. El Cicpc se encargaría de detenerla en ese hospital y una hora después capturaron a su marido.

Luego de la detención de esta madre asesina, sólo la ha visitado una de sus primas. Esta, al preguntarle por qué mató de esa manera a su hija, solo bajó la cabeza y cayó; no dijo absolutamente nada. Los investigadores creen que no lo hizo en medio de un ataque de locura sino por el gran consumo de droga. Parientes de Yoliber opinan lo mismo y esta mañana, en medio del acto de velación de la pequeña en la sala de la casa de su bisabuela, comentaron que “ella debe pagar por lo que hizo pudriéndose en la cárcel junto a su marido”.

Jhoana Montiel Montiel, será sepultada mañana en el cementerio de la población de El Moján. El pequeño féretro fue donado por la Alcaldía de Mara. Los deudos de la niña asesinada no tienen recursos ni para alimentarse y por ello le hicieron un llamado a la Gobernación del Zulia para que los ayuden pues en apenas cuatro meses se les han muerto tres parientes.

En esta casa del barrio La Arreaga ocurrió el crimen

La pareja asesina es trasladada por el Cicpc

Vía NAD/www.diariorepublica.com

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