
La tripulación del programa Artemis II ha marcado un hito histórico al encender los motores de la nave Orión, abandonando la órbita terrestre tras casi un día de permanencia. Esta maniobra, realizada la noche del jueves, posiciona a los cuatro astronautas en una trayectoria directa hacia la Luna, una hazaña que la NASA no ejecutaba con una misión tripulada desde el fin del programa Apolo en 1972. El impulso, que duró casi seis minutos, permitió a la nave alcanzar la velocidad necesaria para alejarse de la Tierra y dirigirse hacia el satélite natural.
Una maniobra ejecutada con precisión
La agencia espacial confirmó que la inyección translunar se completó con éxito y de forma «impecable». A pesar de reportarse incidentes menores, como breves interrupciones en las comunicaciones y ajustes técnicos iniciales, el director del programa Orión, Howard Hu, aseguró que ninguno de estos eventos compromete el desarrollo del vuelo. El equipo de control en Houston supervisó el encendido de los motores, el cual representa el último gran impulso activo antes de que la nave continúe su trayecto bajo las leyes de la mecánica orbital.
Impresiones desde el espacio
El astronauta Jeremy Hansen, primer canadiense en participar en una misión de este tipo, describió la vista desde las ventanas de la Orión como «fenomenal», destacando la imagen de la Tierra iluminada por la Luna. Junto a sus tres compañeros estadounidenses, Hansen subrayó que el viaje es impulsado por las esperanzas de la humanidad hacia el futuro. Actualmente, la tripulación se encuentra en perfecto estado de salud y todos los sistemas de la cápsula funcionan según lo previsto para el retorno seguro tras rodear el satélite.
www.diariorepublica.com




