¿Se agota el deseo sexual en una relación estable? Mira la explicación científica aqui

Publicado el 29 de mayo de 2014

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Sí se acaba, pero con matices. El sexo nunca desaparece en un ser humano; lo que disminuye, y considerablemente, es el deseo. En ningún caso, ese deterioro implica necesariamente que languidezca el amor, salvo que ambos miembros de la pareja lo interpreten así.

La práctica sexual puede plantearse como un poderosísimo análisis de compatibilidades. Los enamorados –y quienes, bien por inmaduros, bien por curiosos, necesitan saber más de ellos mismos– deben interactuar continuamente.

Cuando los resultados bioquímicos/morales que nos aporta dicho intercambio ya están cotejados, no tenemos la urgencia ni la frecuencia de seguir comprobándolo con la misma persona.

Reconducir el deseo hacia la persona que amo pero no deseo es una ardua labor. Se suele incurrir en una dinámica de relaciones rutinarias, frecuentes pero insatisfactorias desde el punto de vista motivacional: aquello de “sábado, sabadete…”. Por su parte, las terapias de choque impartidas por profesionales, eficaces durante un tiempo, exigen asumir riesgos considerables si la pareja no es emocionalmente muy madura.

Con relación a los truquitos del tipo “mantén tu pasión en la pareja”, no suelen servir para nada: aunque faciliten escarceos puntuales, la tendencia continuará, vista a largo plazo, inexorablemente a la baja.

¿Y qué? ¿Es importante que el deseo sexual disminuya hacia la persona que amamos? Si tenemos en cuenta que la resistencia a la separación es un buen indicativo del amor, ¿qué nos mantiene entonces unidos, el intercambio genital frecuente?

Vía Muy Interesante

www.diariorepublica.com

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