
Tras la histórica coronación de Venezuela en el Clásico Mundial de Béisbol, la estrella de los Bravos de Atlanta, Ronald Acuña Jr., cobró su apuesta en el clubhouse: su compañero Ozzie Albies tuvo que lucir la camiseta del campeón tras el dominio venezolano en el diamante.
El campamento primaveral de los Bravos de Atlanta se inundó de sabor venezolano y buen humor. Ronald Acuña Jr., flamante campeón del Clásico Mundial de Béisbol, regresó a las instalaciones del equipo no solo con la medalla de oro, sino con una misión clara: cobrarle la palabra a su «hermano» de equipo, el camarero curazoleño Ozzie Albies.
La rivalidad amistosa, que encendió las redes sociales durante todo el torneo, llegó a su clímax este viernes cuando Acuña Jr. decoró el casillero de Albies con su uniforme de la selección de Venezuela y la codiciada medalla de campeón.
De la promesa a la realidad
Antes del inicio del torneo, Albies —quien representó a Países Bajos— había asegurado que su selección vencería a la Vinotinto, retando a Acuña a usar la camiseta naranja. Sin embargo, el destino en el diamante dictó otra sentencia: Venezuela superó 6-2 a Países Bajos en la fase de grupos. Mientras Acuña brillaba con doble y boletos, Albies se iba en blanco, sentenciando el destino de la apuesta. Cumpliendo con caballerosidad, Albies fue captado caminando por el clubhouse con la elástica venezolana puesta. “También voy a lucir esto para el Día Inaugural”, bromeó el segunda base entre risas.
Un Clásico de altura
Acuña Jr. fue fundamental para el título venezolano, dejando un promedio de 269 y despachando dos cuadrangulares vitales. Por su parte, Albies no se quedó atrás en espectacularidad, inscribiendo su nombre en los libros de historia al conectar el primer «jonrón de oro» en la historia del certamen para darle el triunfo a su selección ante Nicaragua.
Más allá de la competencia, el gesto reafirma la química de una de las duplas más dinámicas de las Grandes Ligas, demostrando que, aunque en el Clásico Mundial se juega por la bandera, en Atlanta reina la hermandad… y el «trolleo» de un campeón.
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