
El conjunto rojinegro mantiene la presión sobre el liderato tras recortar distancias con el Inter gracias a un triunfo sufrido en San Siro.
Un desarrollo marcado por la paridad técnica
El encuentro comenzó con un dominio territorial evidente por parte del equipo local. Bajo las luces de San Siro, el Milan saltó al césped con la intención clara de imponer condiciones desde el primer minuto. La circulación de balón, liderada por un centro del campo dinámico, buscaba constantemente las bandas para desarticular la estructura defensiva del Pisa, que llegó a Milán con un planteamiento sumamente ordenado y compacto.
A pesar de las constantes llegadas por los costados, la falta de precisión en el último toque impidió que el marcador se abriera temprano. El Pisa, lejos de amedrentarse por el escenario, supo replegarse y salir en transiciones rápidas que inquietaron a la zaga milanista en más de una ocasión. Fue un primer tiempo de ajedrez táctico, donde la posesión no se traducía en ocasiones claras de gol, dejando a la afición con una sensación de tensión creciente antes del descanso.
El intercambio de golpes en la segunda mitad
Tras el paso por los vestuarios, la intensidad del juego aumentó considerablemente. El Milan encontró finalmente la red tras una jugada colectiva que permitió romper el muro defensivo visitante. Sin embargo, la alegría en las gradas duró poco. El Pisa, demostrando por qué es uno de los equipos más combativos de la temporada, aprovechó un desajuste en la marca tras un tiro de esquina para poner la igualdad en el marcador.
Este empate parcial obligó al técnico del Milan a mover el banquillo en busca de soluciones creativas. El ingreso de jugadores frescos permitió que el equipo recuperara el aliento y volviera a volcarse al ataque. El cronómetro avanzaba implacable y el fantasma de un empate que los alejara de la lucha por el título empezaba a rondar el estadio. La defensa del Pisa se multiplicaba para rechazar cada centro y cada intento de filtración por el carril central.
La jerarquía de Modric decide el encuentro
Cuando parecía que los puntos se repartirían, apareció la figura de Luka Modric. En el ocaso del partido, el centrocampista croata capturó un rebote en la frontal del área y, con la templanza que lo caracteriza, sacó un remate preciso que dejó sin opciones al guardameta rival. El 2-1 definitivo desató la euforia en San Siro y aseguró tres puntos vitales para las aspiraciones del club.
Con esta victoria, el Milan alcanza una posición privilegiada en la tabla de clasificación. El equipo suma puntos fundamentales que le permiten colocarse a tan solo cinco unidades del Inter, actual líder de la Serie A con 58 puntos. Este resultado no solo fortalece las estadísticas, sino que inyecta una dosis de confianza moral necesaria para afrontar el tramo final de la competición, donde cada error puede ser determinante en la pelea por el «scudetto».
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