
El conjunto de Didier Deschamps superó la fase de dieciseisavos de final en Nueva York y se medirá ante Paraguay en la siguiente ronda.
El camino de la selección francesa en la Copa Mundial de la FIFA 2026 sumó un nuevo capítulo de éxito tras resolver con autoridad su compromiso de eliminación directa. Las selecciones de Francia y Suecia se enfrentaron en la exigente instancia de los dieciseisavos de final en el estadio de Nueva York, un escenario que atestiguó la jerarquía del subcampeón del mundo para instalarse de forma definitiva en la siguiente fase del torneo continental.
Con este resultado, la escuadra dirigida por Didier Deschamps consiguió su pase a los octavos de final por cuarta vez de manera consecutiva. La victoria ratifica el gran momento del combinado europeo, que ahora deberá prepararse para medir fuerzas contra Paraguay, un rival que promete máxima intensidad en los duelos individuales y que obligará a los franceses a mantener el nivel colectivo exhibido hasta la fecha.
Un inicio dinámico en suelo norteamericano
El encuentro comenzó con un ritmo vertiginoso por parte de ambos bandos. Al inicio del partido, el delantero Alexander Isak trató de sorprender el arco defendido por el portero francés Mike Maignan mediante un remate de larga distancia que pasó cerca del poste. La respuesta de los bleus no se hizo esperar, inclinando la balanza de la posesión a su favor a través de transiciones rápidas en el mediocampo.
A los 16 minutos de juego, el guardameta sueco Jacob Widell Zetterström atajó de manera formidable un potente disparo de Kylian Mbappé, evitando la caída de su marco. Solo tres minutos después, en el 19, el propio Mbappé anotó un gol para Francia, pero la celebración se ahogó rápidamente debido a que la jugada fue anulada de forma correcta por fuera de juego tras la revisión del cuerpo arbitral.
Dominio estratégico y boleto asegurado
Después del tiempo reglamentario de hidratación, el equipo sueco dispuso de una oportunidad inmejorable para abrir el marcador, pero Alexander Isak erró una clara ocasión de gol frente a la portería rival. Tras ese susto, la plantilla francesa ajustó sus líneas, tomó el control absoluto del esférico y logró romper la paridad para irse al descanso con la ventaja en el marcador.
En la segunda mitad, el dominio táctico de Francia anuló cualquier intento de reacción por parte del conjunto escandinavo. Los de Deschamps manejaron los tiempos del partido con madurez defensiva y transiciones punzantes que terminaron por asegurar el triunfo definitivo y la celebración en Nueva York.
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