
El cierre de los Juegos de Invierno en la histórica Arena marca el inicio del ciclo hacia los Alpes Franceses 2030.
El adiós en la Arena de Verona
Los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026 concluyeron oficialmente este domingo con una ceremonia cargada de simbolismo en la Arena de Verona. Tras semanas de competición intensa, las llamas gemelas que ardieron en las sedes coanfitrionas de Milán y Cortina d’Ampezzo fueron extinguidas simultáneamente. La elección de Verona para este acto final no fue casual; la ciudad se sitúa geográficamente en un punto estratégico entre las montañas, los valles y las sedes urbanas que conformaron los Juegos de Invierno más extensos geográficamente en la historia del olimpismo.
La presidenta del Comité Olímpico Internacional, Kirsty Coventry, fue la encargada de clausurar la justa deportiva. Durante su intervención, Coventry elogió la capacidad organizativa de las autoridades locales y aseguró que Italia ha establecido un estándar innovador para las futuras citas invernales. La mandataria destacó que este modelo disperso de sedes, aunque desafiante, representa el futuro de la sostenibilidad olímpica al aprovechar infraestructuras existentes en diversas regiones.
El traspaso de la bandera olímpica
Uno de los momentos más protocolarios del evento fue la entrega de la bandera olímpica a Francia, país que asumirá la responsabilidad de organizar los próximos Juegos de Invierno en 2030. Siguiendo el ejemplo italiano de descentralización, la futura cita francesa distribuirá sus pruebas entre los Alpes y la ciudad de Niza. Resulta relevante notar que, debido a la optimización de recursos, algunas disciplinas como el patinaje de velocidad podrían celebrarse fuera del país galo, barajándose opciones en Italia o los Países Bajos.
El clímax emocional de la noche llegó cuando la llama olímpica, protegida en un recipiente de vidrio veneciano, ingresó a la Arena. El fuego fue portado por medallistas de oro italianos que hicieron historia en los Juegos de Lillehammer 1994, creando un puente generacional. Bajo los aros olímpicos iluminados en un blanco inmaculado y flanqueados por las banderas de las naciones participantes, el fuego fue elevado por última vez antes de su extinción simbólica.
Un cierre íntimo y sostenible
A diferencia de la multitudinaria inauguración en el estadio San Siro de Milán, que contó con más de 60.000 espectadores y estrellas como Mariah Carey, la clausura en Verona apostó por la intimidad. Unos 12.000 asistentes, entre atletas, autoridades y público, presenciaron un espectáculo donde la luz fue protagonista. Debido a las normativas locales de protección animal en Verona, los tradicionales fuegos artificiales fueron sustituidos por un sofisticado despliegue de drones y luminotecnia que evitó molestias a la fauna de la zona.
Este evento también consolidó el liderazgo de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien acompañó a Kirsty Coventry durante la velada. Ambas celebraron el éxito de unos Juegos que cubrieron 22.000 kilómetros cuadrados de territorio, conectando desde los deportes de hielo en Milán hasta el biatlón en Anterselva y el esquí en Cortina d’Ampezzo.
Próxima cita en el horizonte paralímpico
Aunque la llama olímpica se ha apagado, la actividad deportiva en la región no se detiene. La Arena de Verona volverá a ser el centro del mundo el próximo 6 de marzo, cuando albergue la ceremonia de apertura de los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina. Se espera que esta nueva cita mantenga el alto nivel de competitividad y logística demostrado durante el mes de febrero, extendiéndose hasta el 15 de marzo para cerrar definitivamente el ciclo invernal italiano.
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