
El conjunto parisino superó al Arsenal (4-3) desde los doce pasos tras igualar 1-1 en los 120 minutos, revalidando su corona continental en Budapest y dejando a los ‘Gunners’ a las puertas de la gloria.
El Puskás Aréna fue el escenario de una noche histórica para el fútbol continental, donde el Paris Saint-Germain se consolidó en la cúspide de la élite europea al proclamarse campeón de la UEFA Champions League 2025-26. En una final de alta tensión frente al Arsenal, el título tuvo que definirse en una agónica tanda de penaltis que favoreció a los franceses por 4-3, luego de que el tiempo reglamentario y la prórroga concluyeran con un estancamiento de 1-1.
El cuadro inglés saltó al césped con mayor lucidez y no tardó en sacudir el marcador. Apenas al minuto 5, el alemán Kai Havertz capitalizó un parpadeo de la zaga parisina para poner en ventaja al Arsenal. Durante todo el primer período, el esquema táctico de los Gunners maniató los circuitos del PSG, asfixiando su salida y controlando el ritmo del encuentro con autoridad.
Reacción parisina y el factor VAR
La fisonomía del partido cambió drásticamente en el complemento. El estratega del conjunto francés reajustó sus piezas, obligando al equipo a adelantar las líneas y a presionar en territorio rival. La insistencia dio sus frutos en la fracción 64, cuando una revisión del VAR determinó una pena máxima en favor del PSG. El extremo Ousmane Dembélé asumió la responsabilidad con frialdad, engañando al guardameta y decretando la paridad en la pizarra.
El desgaste físico acumulado hizo mella en el tramo final y en la posterior prórroga. Ambos finalistas bajaron las revoluciones, priorizando el orden defensivo para evitar un error fatal antes de la inevitable lotería de los penaltis.
El muro de los doce pasos y la dinastía del PSG
En la tanda definitoria, la templanza estuvo del lado parisino. Los ejecutores del PSG mantuvieron la puntería afinada, mientras que el Arsenal flaqueó en el momento cumbre al errar su último disparo de la serie, desatando la euforia en el banquillo francés con el 4-3 definitivo.
Este triunfo representa un hito sin precedentes para la institución de la capital francesa, que conquista la mítica «Orejona» por segundo año consecutivo. Este bicampeonato no solo corona una temporada impecable, sino que valida de forma definitiva el ambicioso proyecto deportivo del club. Por la otra acera, el Arsenal cierra con sabor amargo una campaña que rozó la perfección, quedándose a un paso de levantar su primer trofeo en la máxima competición de clubes del mundo.
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