
Un colapso deportivo que cuesta el boleto mundialista y la carrera hacia los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
El fin de una era dorada
Venezuela quedó fuera de la carrera por un cupo al Mundial de Baloncesto 2027. Una derrota frente a Colombia con pizarra de 102-86 fue el epílogo de una tragedia deportiva que significa la pérdida de categoría para una selección que, hace apenas once años, se coronaba campeona de América. Con este resultado, el quinteto nacional tampoco podrá disputar la eliminatoria hacia los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y deberá jugar una reclasificación con los combinados de peor ranking en el continente. El revés expone la profunda crisis de recambio que atraviesa el baloncesto venezolano.
La caída ante el conjunto colombiano no representa un hecho aislado, sino el resultado de un prolongado declive estructural. La falta de fogueo internacional de los nuevos talentos y la inestabilidad en la conducción técnica pasaron factura en el peor momento posible. El equipo careció de ideas en la conducción, mostrando una defensa vulnerable que permitió demasiadas libertades al perímetro rival.
Un retroceso histórico sin precedentes
La última vez que Venezuela cayó eliminada en la primera ronda de un certamen clasificatorio de baloncesto fue en el Premundial de 2009. En aquella ocasión, el equipo debutó con un triunfo ante la poderosa Argentina, pero derrotas consecutivas contra Panamá, Brasil y República Dominicana en el Coliseo Roberto Clemente de Puerto Rico sellaron su salida. Sin embargo, aquel tropiezo se dio ante potencias consolidadas de la región.
Esta vez, la historia fue diferente y mucho más dolorosa para la afición. Rivales como Chile y Colombia, que en el pasado presentaban poca resistencia ante el poderío criollo, se convirtieron en los verdugos del equipo. El combinado nacional llegó severamente disminuido por la ausencia de sus principales figuras veteranas, quienes por más de una década sostuvieron el estatus competitivo del país. La transición generacional no se planificó a tiempo y el resultado es el aislamiento de los torneos de élite. Ahora, la federación deberá reestructurar las bases desde cero si pretende volver a competir en el plano internacional.
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