
A dos semanas de los sismos que dejaron más de 4.300 muertos, las unidades médicas de México, EE. UU., Brasil y España pasan de tratar traumatismos a contener brotes infecciosos y crisis emocionales en los refugios.
La emergencia médica tras los devastadores terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 ocurridos el pasado 24 de junio ha entrado en una nueva fase. Los hospitales de campaña desplegados por la comunidad internacional en las zonas más afectadas han reconfigurado sus servicios: la atención urgente de fracturas y heridas abiertas provocadas por los colapsos ha dado paso a un incremento masivo de infecciones respiratorias, cuadros gastrointestinales y traumas psicológicos.
El último reporte de las autoridades cifra los daños en 4.333 fallecidos y 16.740 heridos, con el estado La Guaira como el epicentro de la catástrofe. La habitabilidad de la región sigue comprometida, obligando a 18.437 personas a subsistir en campamentos improvisados en estadios, plazas y parques públicos, entornos donde el hacinamiento ya pasa factura a la salud de los damnificados.
Colapso de la red local y respuesta extranjera
La saturación de los centros asistenciales fijos ha convertido a las instalaciones móviles en la única alternativa viable para la población. Darwin López, un ciudadano de 54 años que logró rescatar a su familia de los escombros de su vivienda, tuvo que acudir a la unidad estadounidense tras rebotar en la infraestructura pública. “Mi hijo tiene un dolor fuerte a nivel de estómago y lo llevé al hospital de Pariata (La Guaira), pero está colapsado”, relató a agencias internacionales mientras esperaba el diagnóstico en el módulo extranjero.
A escasa distancia del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, el complejo operado por la organización Samaritan’s Purse funciona a máxima capacidad con 56 camas, áreas de cuidados intensivos, laboratorio y dos quirófanos. Su directora médica, Paula Melo, advirtió que la vulnerabilidad actual no solo responde a infecciones recientes, sino a la interrupción de tratamientos base. “Llegan pacientes crónicos que, por no tener sus medicamentos, sufren de algún tipo de insuficiencia en su cuerpo al no haber podido acceder a un manejo de salud primario”, explicó.
El despliegue en el terreno
La cooperación internacional se distribuye estratégicamente para abarcar los focos de mayor densidad de refugiados:
Brasil: Mantiene un hospital de campaña en La Guaira con servicios de medicina general, pediatría, ortopedia y ecografías. Leonel Marcano, comandante de la Misión de la Marina de Brasil en Venezuela, destacó que cuentan con laboratorios clínicos propios para realizar pruebas rápidas de epidemias y una farmacia robustecida con insumos traídos directamente desde su país.
España: Enfoca sus capacidades operativas en un centro de atención similar desplegado en Caracas para absorber la demanda de la capital.
México: A través de la ONG Medical Impact, evalúa las condiciones de salubridad en los albergues temporales, señalando estos espacios como detonantes de la nueva ola de consultas.
Arelis Pérez, directora médica de la organización mexicana, confirmó que la convivencia forzada entre múltiples familias dentro de los refugios ha facilitado la propagación acelerada de patologías respiratorias y estomacales. Adicionalmente, los equipos médicos reportan un alza en consultas por dolencias musculares —derivadas de pernoctar en el suelo—, migrañas crónicas y cuadros severos de ansiedad vinculados al impacto emocional de la tragedia, lo que obliga a las delegaciones a diseñar planes de contingencia a medio plazo.
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