
La vicepresidenta de Venezuela califica a Estados Unidos como socio estratégico tras el histórico reinicio de las exportaciones de crudo hacia Norteamérica.
El panorama geopolítico entre Caracas y Washington ha dado un giro de ciento ochenta grados. Tras años de tensiones y distanciamiento diplomático, la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, se ha dirigido al presidente Donald Trump utilizando términos de cordialidad sin precedentes, refiriéndose al mandatario estadounidense como un «socio y amigo» dentro de un nuevo marco de cooperación bilateral.
Un nuevo capítulo en la relación energética
Este acercamiento no es solo retórico, sino que responde a una realidad económica que está transformando el mercado energético global. Recientemente, el presidente Donald Trump confirmó que la seguridad energética de su país se ha visto fortalecida gracias a la reanudación de los suministros provenientes del país caribeño. «Ahora nadie puede creer lo que está viendo. La producción petrolera estadounidense ha aumentado en más de 600 mil barriles diarios, y acabamos de recibir 80 millones de barriles de petróleo de nuestro nuevo amigo y socio, Venezuela», afirmó el mandatario.
Ante estos avances, Delcy Rodríguez ha enfatizado que el reconocimiento de Venezuela como un aliado fiable debe traducirse en acciones concretas que desmantelen el andamiaje de sanciones que aún pesa sobre la economía local. El llamado principal de la administración venezolana es el cese total del bloqueo, argumentando que una relación entre «socios» es incompatible con medidas coercitivas que limiten el desarrollo financiero y comercial mutuo.
Impacto en la economía y el sector empresarial
Desde enero de este año, las relaciones diplomáticas entre ambas naciones se han restablecido formalmente, lo que ha generado una ola de optimismo en el sector privado. Las empresas estadounidenses, lideradas por gigantes del sector hidrocarburos, ya se están posicionando estratégicamente para reactivar las conexiones comerciales que estuvieron congeladas durante la última década. Este movimiento busca no solo estabilizar los precios de la gasolina en el mercado interno de Estados Unidos, sino también modernizar la infraestructura de extracción en suelo venezolano.
El gobierno venezolano sostiene que la apertura económica actual es una oportunidad de oro para que las inversiones extranjeras regresen con garantías jurídicas sólidas. Rodríguez destacó que el flujo de petróleo hacia el norte es solo el primer paso de una agenda mucho más amplia que incluye la cooperación en seguridad regional y el intercambio tecnológico.
Perspectivas de normalización internacional
La comunidad internacional observa con detenimiento este deshielo. Lo que comenzó como un pragmatismo energético parece estarse convirtiendo en una alianza política de gran calado. La insistencia de Venezuela en ser tratada como un igual en la mesa de negociaciones es el eje central de la estrategia de Rodríguez, quien insiste en que el respeto a la soberanía es la base sobre la cual se está construyendo esta nueva amistad con el gobierno de Donald Trump.
A medida que los envíos de crudo continúan llegando a las refinerías del golfo de México, la presión interna en Washington para normalizar totalmente el comercio con Venezuela aumenta. Para Caracas, el objetivo es claro: transformar el reconocimiento de «amigo» en una realidad económica libre de bloqueos.
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