
El estudio proyecta ingresos de 22.600 millones de dólares por exportaciones petroleras y una inflación que descenderá hasta el 270%.
Proyecciones macroeconómicas para el cierre del ciclo anual
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) ha presentado su informe más reciente sobre el desempeño macroeconómico de Venezuela, arrojando cifras que invitan a un optimismo cauteloso dentro del parque industrial y financiero nacional. Según el organismo internacional, el Producto Interno Bruto (Pib) de la nación suramericana experimentará un incremento del 7,4% al finalizar el presente ejercicio. Este impulso vendría acompañado de una estabilización progresiva de los precios al consumidor, estimando que la inflación logre ubicarse en torno al 270%, consolidando la tendencia de desaceleración que se ha observado en los últimos meses.
El informe detalla que este comportamiento positivo no es un evento aislado, sino la respuesta directa a un cambio en la dinámica internacional y regulatoria. El estudio refiere que la economía responderá favorablemente a un escenario caracterizado por el levantamiento parcial de sanciones y, muy especialmente, a la reconfiguración del marco legal energético. Estos ajustes han permitido que el país recupere espacio en los mercados tradicionales, facilitando una logística comercial mucho más eficiente y menos costosa para el Estado venezolano.
El sector energético como motor del ingreso nacional
En este contexto de apertura y reformas, el Pnud prevé que la producción de hidrocarburos logre superar la barrera de los 1.200.000 barriles diarios. De cumplirse este pronóstico, el sector petrolero registraría un crecimiento específico del 12,1%. Este repunte es fundamental, ya que la normalización de los canales de comercialización, sumada a la eliminación de los descuentos forzosos que el país debía aplicar debido a las restricciones previas, permitirá una optimización de la caja nacional.
Las estimaciones sugieren que los ingresos por exportaciones petroleras rondarán los 22.600 millones de dólares. Esta cifra es particularmente significativa, pues representaría más del 50% del monto total registrado en el año 2025. El flujo de divisas frescas proveniente de la venta de crudo y derivados se perfila como el soporte principal para mantener la estabilidad cambiaria y financiar las inversiones necesarias en infraestructura pública y servicios básicos.
Resiliencia y diversificación en los sectores no petroleros
Más allá del crudo, el estudio destaca el carácter resiliente que la economía venezolana demostró durante el año anterior. A pesar de las debilidades estructurales persistentes, el sistema productivo mostró signos de recuperación gracias al comportamiento positivo de sectores no vinculados a la energía, con especial énfasis en las áreas de salud y alimentación. Estas industrias han logrado adaptarse a las condiciones del mercado interno, sustituyendo importaciones y mejorando sus cadenas de distribución.
Un caso de éxito reseñado es el del sector farmacéutico, que alcanzó su cuarto año consecutivo de crecimiento a doble dígito, marcando un impresionante 17,5%. Este avance ha permitido que la producción nacional cubra actualmente el 74% de la oferta total de medicamentos, reduciendo la dependencia de productos terminados del exterior y fortaleciendo la soberanía sanitaria del país.
Avances en la manufactura y servicios complementarios
Por último, el informe registra señales mixtas pero mayoritariamente positivas en el sector industrial. La manufactura privada mostró un dinamismo notable, con un crecimiento del 9,5% registrado en el último trimestre evaluado. Un dato clave para los inversores es el uso de la capacidad instalada, que alcanzó el 52,7%, lo que sugiere que aún existe un margen importante para incrementar la producción sin necesidad de grandes inversiones de capital inicial.
A la par de la industria, sectores como las telecomunicaciones, el comercio minorista y el ramo automotor también reportaron cifras al alza. Esta recuperación multiesectorial indica que el consumo interno está reaccionando a la mayor disponibilidad de bienes y a una relativa estabilidad en el poder adquisitivo de ciertos estratos de la población, cerrando así un círculo de recuperación que el Pnud espera se mantenga firme durante el resto del año.
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