
El índice registrado en mayo representa el menor avance en diecinueve meses, según los datos oficiales emitidos por el Banco Central.
El Banco Central de Venezuela reportó que la inflación correspondiente al mes de mayo se ubicó en un 6,3 %, consolidándose como la cifra mensual más baja registrada en los últimos diecinueve meses. Este indicador representa una desaceleración en el ritmo de crecimiento de los precios al consumidor, en un contexto donde las autoridades intentan estabilizar el aparato productivo tras años de desajustes severos. El dato oficial coincide con las proyecciones emitidas semanas atrás por la directiva del organismo emisor, abriendo un debate sobre la sostenibilidad de esta tendencia a mediano plazo en la economía nacional.
El pasado 4 de mayo, el presidente de la institución crediticia, Luis Pérez, anticipó que el año 2026 estará marcado por cambios significativos en materia de política monetaria y cambiaria. Según afirmó el funcionario, el impacto de las medidas implementadas se percibirá con mayor claridad al cierre del año en curso y se proyectará con fuerza durante los periodos correspondientes a 2027 y 2028. Sin embargo, los analistas independientes advierten que la contención inflacionaria actual responde principalmente a una fuerte restricción del gasto público y a la quema de divisas, más que a un aumento real de la productividad interna.
Persistencia del dólar en las transacciones
A pesar de la desaceleración del índice de precios, las secuelas de la hiperinflación que azotó al país entre los años 2017 y 2021 siguen plenamente vigentes en la dinámica comercial. La población y las empresas mantienen la práctica de cotizar y transar la mayoría de los bienes y servicios en dólares estadounidenses, una distorsión que la administración central no ha logrado revertir. La pérdida de confianza en el signo monetario nacional obliga a los agentes económicos a buscar refugio en la divisa extranjera para preservar su poder adquisitivo y calcular sus costos de reposición de inventarios.
Debilidad estructural del signo monetario
La devaluación de la moneda local, el bolívar, continúa siendo el principal factor de presión sobre la estructura de costos. En lo que va de año, el bolívar ha perdido un 45 % de su valor frente al dólar estadounidense en el mercado oficial. Al cierre de las operaciones financieras del último viernes de mayo, la divisa norteamericana cotizó en 549,37 bolívares. Esta caída refleja el desbalance persistente entre la oferta y la demanda de moneda extranjera en las mesas de cambio bancarias.
Al contrastar el panorama actual con los registros de principios de enero, la cotización del dólar aumentó un 82,2 %, partiendo desde una tasa base de 301,37 bolívares. El Banco Central actualiza diariamente este indicador al cierre de cada jornada operativa, evidenciando un deslizamiento constante que erosiona los salarios fijos en moneda nacional. Durante el mes de mayo, la divisa subió un 12,2 % desde los 489,55 bolívares previos, lo que representó una depreciación neta del 10,8 % para el bolívar en solo treinta días.
Impacto laboral y bonificaciones de emergencia
La constante depreciación del bolívar ha desarticulado el salario mínimo legal, obligando al Ejecutivo nacional a modificar su estrategia de remuneración para el sector público. Para mitigar el descontento y sostener el consumo básico, el Gobierno ha optado por indexar u otorgar bonificaciones suplementarias calculadas con base en la moneda estadounidense. Aunque esta medida alivia temporalmente la carga de las familias, no genera pasivos laborales ni resuelve el problema de fondo: la falta de un sueldo real y estable que devuelva el poder de compra a los trabajadores venezolanos.
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