
Mikel Abecia relató el estremecedor momento en que la estructura de seis pisos donde residía colapsó tras los sismos del 24 de junio, dejándolo sepultado bajo los escombros durante casi cuatro horas antes de ser rescatado en Caraballeda.
A 19 días de la catástrofe que sacudió la costa central del país, el ingeniero venezolano Mikel Abecia compartió su conmovedora historia de supervivencia tras el doble terremoto del pasado 24 de junio. En una entrevista concedida al periodista Adrián Salonia, enviado especial de la cadena argentina C5N y difundida este domingo 12 de julio, el profesional reflexionó sobre la delgada línea entre la vida y la muerte tras salir prácticamente ileso de un colapso estructural donde, según estima, sobrevivió menos del 5 % de los residentes.
Abecia se encontraba en el penthouse del edificio de seis pisos donde habitaba, ubicado en el sector Caribe de Caraballeda, cuando la tierra comenzó a temblar. Al igual que muchos venezolanos esa tarde, se disponía a disfrutar de los encuentros de la Copa del Mundo cuando inició el sismo. Siguiendo las recomendaciones de seguridad, buscó resguardo bajo una viga de carga dentro de su apartamento; sin embargo, rápidamente se percató de que la magnitud del evento era distinta a cualquier experiencia previa.
Desde su ventana, el ingeniero presenció una escena que describió como imborrable: el colapso del inmueble contiguo, el cual impactó directamente contra su propia residencia en un devastador «efecto cascada». Segundos después, experimentó la sensación de un vacío absoluto mientras la estructura se desplomaba por completo a su alrededor.
A pesar del violento impacto, Abecia nunca perdió el conocimiento. Quedó completamente atrapado en una oscuridad total, cubierto de polvo y con el peso de la losa restringiendo sus movimientos y su capacidad para respirar. Tras lograr girar el torso para liberar espacio en sus pulmones, mantuvo la calma bajo la firme convicción de que debía resistir para ser auxiliado.
La oportunidad de rescate llegó casi cuatro horas después, cuando escuchó la voz de un vecino que participaba en las labores de búsqueda en la zona de desastre. Tras gritar para alertar sobre su posición, el ciudadano inició las tareas de remoción de escombros hasta extraerlo con vida. Al salir a la superficie, la magnitud de la tragedia se hizo evidente: el panorama urbano habitual había desaparecido, dejando una vista directa hacia el mar Caribe que antes bloqueaban las edificaciones.
Hoy, mientras asimila las secuelas emocionales de la tragedia, Abecia asegura que esta vivencia transformó radicalmente su perspectiva de la existencia, atribuyendo su salvación a una intervención divina. En sus propias palabras, se debate en interrogantes sobre el motivo de su permanencia en este plano, cuestionándose qué misión le depara el destino tras haber superado una situación de extrema adversidad.
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