
El ámbito cultural y musical de Venezuela se encuentra de luto tras el fallecimiento, a los 10 años, de la talentosa violinista Romina Valeria Rivera Cruz. La joven artista, quien integraba la Orquesta Sinfónica Nacional Infantil y se ganó el reconocimiento internacional tras tocar frente al Papa durante la canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles en el Vaticano, perdió la vida tras batallar contra una grave enfermedad.
La música venezolana despide a una de sus promesas más entrañables. El Sistema de Orquestas Sinfónicas Juveniles e Infantiles de Venezuela, núcleo Portuguesa, confirmó formalmente el deceso de la menor, acaecido el pasado domingo 16 de agosto, generando expresiones de profundo pesar en el gremio artístico y educativo del país.
Una trayectoria artística marcada por la excelencia y la precocidad
Originaria del estado Portuguesa y formada desde sus primeros años en el Núcleo Acarigua-Araure, Romina Valeria destacó rápidamente por su disciplina, sensibilidad y un talento excepcional que la llevó a integrar filas de alto nivel dentro del Sistema:
Proyección internacional: Con apenas 9 años, formó parte de la delegación de músicos que viajó a Roma, Italia, para amenizar con su violín el histórico acto de canonización de los santos venezolanos José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles, interpretando de manera magistral el solo de la obra Danzón, de Arturo Márquez.
Agrupaciones de élite: Ganó por concurso su puesto en la Orquesta Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela, además de formar parte activa de la Orquesta Regional de Portuguesa «José Antonio Páez» y la Orquesta Infantil y Juvenil de Acarigua-Araure.
Mensajes de condolencia y recuerdo imborrable
Instituciones como la Escuela Parroquial Nuestra Señora de El Pilar —donde cursaba el quinto grado de educación primaria— y sus profesores expresaron su desolación ante la partida de la niña. Sus maestros la recordaron no solo por su impecable oído musical, sino por la madurez y alegría con la que afrontó su delicado cuadro de salud en los últimos tiempos.
«Sabía que podía morir en cualquier momento, por eso vivía solo el hoy», expresó conmovido su profesor de Lenguaje Musical, Juan Beneditto, sintetizando el espíritu luminoso de una pequeña que, con el violín en las manos y una sonrisa constante, dejó una huella imborrable en los corazones de quienes la conocieron.
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