
El artista puertorriqueño revoluciona el espectáculo de medio tiempo con una puesta en escena cargada de simbolismo cultural, reivindicación social y un despliegue sin precedentes de la identidad hispana ante una audiencia global.
La industria del entretenimiento ha sido testigo de un momento histórico durante la reciente edición del Super Bowl. Lo que comenzó como un evento deportivo de alcance masivo se transformó, en cuestión de minutos, en una celebración vibrante de las raíces caribeñas. Bad Bunny, el fenómeno mundial de la música urbana, no solo ocupó el centro del escenario, sino que convirtió el espectáculo en una narrativa visual y sonora que puso de relieve el orgullo latinoamericano frente a millones de espectadores en todo el mundo.
Un inicio cargado de nostalgia y simbolismo
El despliegue técnico y artístico comenzó con los acordes de ‘Nuevayol’, una pieza que sirvió de puente emocional para la narrativa del show. En una de las escenas más conmovedoras de la noche, Bad Bunny reapareció para entregarle simbólicamente un premio Grammy a un niño que sintonizaba la televisión junto a su padre. Este gesto no fue casual; representó el sueño de las nuevas generaciones y la validación de un género que ha pasado de las calles a los escenarios más prestigiosos del planeta.
La herencia cultural sobre el escenario
La escenografía fue un homenaje detallado a la vida cotidiana de Puerto Rico. Entre sillas blancas que evocaban la estética de la cubierta del álbum ‘Debí tirar más fotos’, el escenario se transformó en una estampa caribeña. La sorpresa de la noche llegó con la presencia de Ricky Martin, quien apareció para interpretar ‘Lo que le pasó a Hawai’, aportando un aire de reivindicación y legado musical que conectó el pasado y el presente del pop latino. La inclusión de la bomba puertorriqueña subrayó el compromiso del artista con los ritmos tradicionales de su tierra.
Mensajes sociales entre luces y reguetón
A pesar de mantener una estructura apta para todos los públicos, la actuación estuvo cargada de mensajes directos. La recreación de escenas con residentes de las zonas más humildes de Puerto Rico bailando reguetón sirvió como recordatorio del origen de esta cultura. Uno de los momentos más potentes visualmente fue la aparición de postes eléctricos rodeando al ‘conejo malo’. Mientras sujetaba la bandera de su país y entonaba ‘El apagón’, Bad Bunny hizo referencia a las dificultades infraestructurales que enfrenta la isla, transformando el escenario en una plataforma de protesta pacífica pero contundente.
Naturaleza y cierre continental
La biodiversidad también tuvo su espacio con la representación del sapo concho, un anfibio endémico de Puerto Rico en peligro crítico de extinción. Al utilizar este símbolo, que ya fue parte de su gira mundial, el cantante reforzó su papel como embajador de su ecosistema local. El espectáculo culminó de manera épica cuando, tras pronunciar las únicas palabras en inglés de la noche, «God bless America», el escenario se inundó con las banderas de todos los países de Latinoamérica, sellando una oda a la unión continental y al poder cultural hispano.
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