
Una reciente polémica en redes sociales que involucra al cantante puertorriqueño Bad Bunny ha puesto nuevamente en el foco la estricta normativa mexicana sobre el respeto y la conservación del patrimonio cultural, recordando un caso similar que tuvo como protagonista al youtuber estadounidense MrBeast a principios de año.
El debate se encendió tras la publicación de una fotografía por parte del propio Bad Bunny en sus historias de Instagram. Durante su visita al Museo Nacional de Antropología (MNA) el pasado miércoles 17 de diciembre, el artista, que cerró su gira “DeBÍ TiRAR MáS FOToS” de 2025 en México, fue captado colocando su mano sobre una estela arqueológica que carecía de vitrina protectora.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México, autoridad responsable del resguardo del patrimonio, emitió una declaración para abordar la controversia que circuló durante tres días en plataformas digitales. Según el INAH, la visita del músico se realizó con personal de custodia presente en todo momento.
«Cuando el artista colocó la mano sobre la estela, personal de custodia del museo reiteró que no se podían tocar las piezas, a lo cual el músico la retiró”, fue la respuesta oficial del INAH. El organismo fue enfático al reiterar que «el contacto físico con bienes arqueológicos está prohibido», una norma de conocimiento público esencial para la preservación de estas piezas milenarias.
El precedente de MrBeast: Una demanda pendiente
Este incidente con Bad Bunny, aunque resuelto con la rápida intervención del personal del MNA, inevitablemente trajo a la memoria la transgresión mucho más seria cometida por la estrella de YouTube MrBeast.
En mayo pasado, la Secretaría de Cultura federal anunció a EL UNIVERSAL que interpondría una demanda contra el influencer estadounidense. El motivo fue el contenido de su video titulado “Sobreviví 100 horas en un templo antiguo”, donde se falseó información y se cometieron múltiples violaciones a la normativa patrimonial.
El material audiovisual mostraba a MrBeast recorriendo zonas arqueológicas de alta importancia, incluyendo Chichén Itzá, Calakmul y Balamcanché. Las imágenes de su producción causaron gran indignación al documentar acciones estrictamente prohibidas, tales como:
Ingresar a áreas patrimoniales restringidas, como la zona de Calakmul que no está abierta al público general.
Pernoctar dentro de una zona arqueológica.
Subir a un helicóptero desde una pirámide para desplazarse.
Introducir un dron para sobrevolar y filmar la pirámide de Kukulkán.
El caso de MrBeast representa una violación flagrante y planificada de las regulaciones de protección, en contraste con el incidente de Bad Bunny, que fue una falta menor corregida inmediatamente. Ambos casos, sin embargo, subrayan el desafío constante que enfrentan las instituciones culturales como el INAH para conciliar la difusión y el acceso al patrimonio con su preservación innegociable ante figuras públicas con una vasta influencia. El mensaje del INAH es claro: la fama no exime a nadie del respeto a las normas que resguardan la historia de México.
www.diariorepublica com



