
Sumario
La actriz e influencer venezolana rompe el silencio tras las declaraciones de Guillermo Dávila en Perú, denunciando décadas de manipulación y priorizando su salud mental.
Un conflicto que trasciende las cámaras de televisión
La relación entre el cantante Guillermo Dávila y su hija mayor, Marielena Dávila, ha alcanzado un punto de no retorno. Tras años de especulaciones y silencios tensos, la joven decidió publicar un extenso descargo que expone las heridas profundas de un vínculo marcado por la inestabilidad. Esta reacción surge como respuesta directa a la participación del artista en el programa peruano “El valor de la verdad”, donde afirmó que la distancia con su hija se debía a la falta de respuesta a sus mensajes y que, de sus cuatro hijos, solo mantenía relación con tres.
Para Marielena, estas declaraciones no solo simplifican una realidad dolorosa, sino que omiten la responsabilidad afectiva del intérprete. En su comunicado, la hija de Chiquinquirá Delgado fue tajante al explicar que el distanciamiento no es un capricho reciente, sino la culminación de un proceso de sanación personal frente a lo que describió como años de rechazo sistemático y maltrato psicológico.
El peso del abuso emocional y la manipulación
Lejos de ser una disputa por la existencia de otros hermanos, la joven aclaró que siempre deseó el bienestar para todos los hijos de su padre. Sin embargo, puntualizó que la paternidad real no se sostiene con fotos ocasionales o títulos biológicos, sino con presencia y protección. Según su testimonio, intentó durante gran parte de su vida establecer puentes de comunicación a través de cartas y llamadas, encontrando siempre una pared de indiferencia o dinámicas dañinas que afectaron su integridad emocional.
La actriz enfatizó que la decisión de alejarse no es un acto de odio, sino un mecanismo de defensa. “La presencia física no significa nada si detrás hay abuso emocional”, señaló, dejando claro que el vínculo solo era posible si ella aceptaba someterse a comportamientos tóxicos. Al cortar el lazo, Marielena asegura haber encontrado la paz necesaria para dejar de vivir bajo la sombra del miedo y la incertidumbre.
El fin de un ciclo y el perdón
Uno de los puntos más contundentes del texto es la negativa rotunda a una futura unión. Marielena sentenció que no existe ni existirá reconciliación, pues su prioridad actual es proteger la familia que está formando y evitar que sus futuros hijos hereden el trauma que ella cargó por décadas. Aunque afirma haber perdonado para liberar su propio corazón, subraya que perdonar no implica permitir que los malos tratos continúen en su presente.
Asimismo, dedicó palabras de profundo agradecimiento a su madre, Chiquinquirá Delgado, a quien describió como su heroína por haberla criado en un entorno de amor, lejos de descalificaciones hacia su progenitor. Al cerrar su mensaje, Marielena recalcó que su historia busca inspirar a otros que sufren traumas generacionales. Con la frase “el trauma termina conmigo”, la joven cierra un capítulo mediático y personal, enfocándose en su crecimiento y estabilidad lejos del escrutinio público y las sombras del pasado.
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