
El veterano actor, ganador del Óscar por ‘Gracias y favores’ y rostro inolvidable de la saga ‘El Padrino’, fallece a los 95 años en su residencia de Virginia rodeado de su familia
Robert Duvall, una de las figuras más respetadas y prolíficas de la historia de Hollywood, falleció la noche del domingo a los 95 años. El intérprete, cuya presencia en pantalla definió gran parte del cine de autor y comercial de la segunda mitad del siglo xx, murió en paz en su hogar de Middleburg, Virginia. La noticia fue confirmada este lunes por su viuda, Luciana Duvall, a través de un emotivo comunicado en el que destacó no solo su talento frente a la cámara, sino su calidez humana fuera de ella.
Una despedida íntima para un gigante de la escena
La partida de Duvall deja un vacío inmenso en la industria cinematográfica. Según relató Luciana en sus redes sociales, el actor estuvo acompañado por sus seres queridos en sus últimos momentos. «Ayer nos despedimos de mi amado esposo, querido amigo y uno de los mejores actores de nuestro tiempo. Bob falleció en paz en su hogar, rodeado de amor y consuelo», escribió su esposa. Para el gran público, Duvall era el metódico Tom Hagen o el impetuoso teniente coronel Kilgore; para su familia, era un hombre apasionado por los detalles sencillos de la vida, como la buena mesa y la conversación profunda.
El camino desde las tablas hasta el estrellato mundial
Nacido en San Diego en 1931, Duvall no alcanzó el éxito de la noche a la mañana. Su formación comenzó en el teatro de Nueva York, compartiendo vivencias y penurias con otros futuros gigantes como Dustin Hoffman y Gene Hackman. Su debut en el cine fue pequeño pero memorable, interpretando al misterioso Boo Radley en Matar a un ruiseñor (1962). Sin embargo, fue su colaboración con Francis Ford Coppola lo que lo catapultó a la inmortalidad. Su interpretación del «consigliere» de la familia Corleone en El Padrino le valió su primera nominación al Óscar, estableciendo un estilo de actuación contenido y preciso que se convertiría en su sello personal.
El reconocimiento de la academia y su legado actoral
A pesar de haber sido nominado en siete ocasiones por la academia de artes y ciencias cinematográficas, Duvall solo alzó la estatuilla dorada una vez. Fue en 1984, gracias a su papel en Gracias y favores (Tender Mercies), donde dio vida a Mac Sledge, un cantante de country acabado que busca la redención. Este papel resumió la capacidad de Duvall para encontrar humanidad en personajes derrotados. Además de este triunfo, dejó frases para la historia del cine, como el famoso «amo el olor del napalm por la mañana» de Apocalypse Now, que le otorgó un lugar permanente en la cultura popular.
Un compromiso inquebrantable con el oficio
Duvall no solo se limitó a actuar; también exploró la dirección y la producción, siempre buscando la autenticidad en cada proyecto. Su viuda subrayó que su pasión por el oficio solo era comparable a su respeto por los personajes que interpretaba. En cada papel, ya fuera un abogado, un militar o un predicador, el actor buscaba capturar la esencia humana sin artificios. Con su fallecimiento, Hollywood pierde a uno de sus últimos grandes pilares de la época dorada de los años setenta, un artista que entendía que el silencio en una escena podía ser tan poderoso como el diálogo más brillante.
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