
Arabia Saudita ha dado un paso significativo y discretamente amplió el acceso a la única tienda minorista que vende alcohol en el reino, ubicada en el exclusivo barrio diplomático de Riad. Este movimiento se produce a pesar de la estricta prohibición del alcohol que rige en el país, como parte de una serie de reformas de liberalización impulsadas por la monarquía.
Inicialmente, la tienda, que abrió sus puertas en enero de 2024, estaba reservada exclusivamente para diplomáticos no musulmanes, un grupo limitado bajo un sistema de cuotas controlado. Sin embargo, la agencia AP reportó este domingo que el acceso se ha extendido a los extranjeros no musulmanes que posean una «residencia premium» saudí. Esta residencia especial, introducida para atraer inversores y talento de alto nivel, permite a sus titulares comprar bebidas alcohólicas, una medida que flexibiliza sutilmente las normas sociales del ultraconservador reino.
La tienda opera de forma casi secreta, sin identificación oficial visible en el exterior. Su funcionamiento está sujeto a estrictas medidas de seguridad: los clientes deben someterse a cacheos a la entrada, y el uso de teléfonos móviles o cámaras está totalmente prohibido para garantizar la discreción absoluta.
Quienes han visitado el local describen una experiencia de compra peculiar. Si bien la tienda está considerada como «bien surtida» en términos generales, la selección de ciertas categorías, como la cerveza y el vino, se reporta como limitada. Además, el privilegio de adquirir alcohol tiene un costo financiero elevado. Los precios son considerablemente altos, y a diferencia de los diplomáticos, se ha informado que los nuevos clientes con residencia premium deberán pagar impuestos por las bebidas alcohólicas que adquieran.
Esta ampliación del acceso al alcohol, aunque restringida a una élite de extranjeros, se enmarca en la visión de las reformas de liberalización conocidas como Vision 2030. Lideradas por el príncipe heredero, Mohammed bin Salman, y el rey Salman bin Abdulaziz Al Saud, estas iniciativas buscan modernizar la economía saudí, atraer la inversión extranjera y el turismo, y diversificar las fuentes de ingresos del país, reduciendo su histórica dependencia del petróleo.
A pesar de la estricta y pública prohibición del alcohol, este giro «secreto» representa una apertura calculada. Señala un esfuerzo por equilibrar la necesidad de mantener las tradiciones religiosas y sociales del reino con los objetivos de una economía globalizada y un mercado turístico en crecimiento.
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