
La moneda nacional, el rial, alcanzó su mínimo histórico. Los comerciantes exigen al gobierno una estrategia económica clara para frenar la espiral inflacionaria.
La capital iraní es testigo de una creciente ola de protestas protagonizadas por comerciantes que, por segundo día consecutivo, han cerrado sus negocios en repudio al deterioro incontrolable de la economía y la dramática depreciación del rial, la moneda nacional. La crisis, marcada por la hiperinflación y una volatilidad sin precedentes, ha llevado a los bazares de Teherán al borde del colapso operativo.
El domingo 28 de diciembre, el rial iraní marcó un nuevo mínimo histórico frente al dólar en el mercado negro no oficial, situándose en una asombrosa tasa de más de 1,4 millones de riales por dólar. Esta cifra contrasta drásticamente con los 820 mil riales por dólar registrados hace apenas un año, evidenciando una caída vertiginosa del valor de la moneda. La situación es igualmente crítica frente al euro, que se cotiza en torno a 1,7 millones de riales.
Protestas en el corazón económico
La agencia local Ilna, citando a periodistas en el terreno, reportó «manifestaciones» concentradas en los principales bazares del centro de la capital. Los tenderos y comerciantes exigen una acción decisiva por parte del Ejecutivo. “Los manifestantes exigen una intervención inmediata del gobierno para frenar las fluctuaciones del tipo de cambio y definir una estrategia económica clara”, indicó el medio.
La depreciación incesante del rial ha desatado una ola de hiperinflación que se traduce en una intensa volatilidad de precios. En Teherán, la ciudadanía ve cómo el costo de bienes esenciales y, especialmente, de los productos importados, se dispara significativamente de un día para otro. La propia agencia Ilna recoge el sentir de los manifestantes, citando a uno de ellos: “Continuar cualquier actividad profesional en estas condiciones se ha vuelto imposible”.
La parálisis es evidente en el comercio de bienes como los teléfonos móviles. La fluctuación diaria de los precios ha provocado que tanto vendedores como compradores opten por aplazar las transacciones a la espera de un mínimo de claridad económica, según constató la agencia AFP. El domingo, los vendedores de uno de los principales mercados de telefonía ya habían manifestado su descontento cerrando sus puertas, un hecho reportado por la agencia Isna.
Un contexto de sanciones y tensión geopolítica
La economía iraní ya se encontraba en una posición vulnerable debido a décadas de sanciones occidentales. Sin embargo, el restablecimiento de las sanciones internacionales por parte de la ONU a finales de septiembre, vinculadas al programa nuclear iraní, ha exacerbado la crisis actual.
A esta presión externa se suma la inestabilidad geopolítica. Las negociaciones estancadas con Estados Unidos sobre el tema nuclear y la persistente incertidumbre derivada de los 12 días de guerra contra Israel en junio, han añadido un peso considerable a la coyuntura económica.
El presidente iraní, Massoud Pezeshkian, ha reconocido la gravedad de la situación, afirmando el sábado que potencias como EE. UU., Israel y Europa libran una «guerra total» contra su país. A pesar de esto, el mandatario manifestó su compromiso de combatir la inflación y el alto costo de vida durante la presentación del presupuesto del próximo año ante el Parlamento.
En paralelo, el ala judicial ha adoptado una postura de mano dura. El jefe del poder judicial, Gholamhossein Mohseni Ejeï, emitió una clara advertencia: «cualquiera que acumule divisas extranjeras es un criminal y debe ser tratado con severidad”. Por su parte, la agencia Fars ha alertado sobre el riesgo de que los movimientos de protesta de los comerciantes puedan ser «instrumentalizados» con fines de desestabilización política.
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