
El canciller Bruno Rodríguez denuncia una escalada en el bloqueo tras la orden ejecutiva que amenaza con gravámenes comerciales a países que suministren combustible a la isla.
El gobierno de Cuba manifestó este jueves una enérgica condena ante la reciente decisión de la administración de Estados Unidos de imponer aranceles a cualquier nación que venda o suministre petróleo a la isla. Mediante un comunicado oficial, las autoridades cubanas calificaron la medida como un acto de agresión brutal que busca asfixiar la economía nacional y profundizar las carencias de la población civil.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, utilizó sus canales oficiales para denunciar lo que considera una nueva fase de hostilidad. Según el diplomático, el objetivo de Washington es establecer un bloqueo total sobre los suministros energéticos, sometiendo a los ciudadanos cubanos a condiciones de vida extremas mediante la interrupción de servicios básicos que dependen directamente del flujo de hidrocarburos.
El impacto de la orden ejecutiva estadounidense
La medida surge a partir de una orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump, quien justifica la acción bajo el argumento de que Cuba representa una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de su país. Esta declaración legal permite al departamento del tesoro y a las autoridades comerciales aplicar gravámenes a bienes procedentes de terceros países, utilizando el comercio como una herramienta de presión política.
Rodríguez argumentó que Estados Unidos recurre al chantaje y la coerción para forzar a la comunidad internacional a sumarse a una política de bloqueo que ya cuenta con el rechazo mayoritario en las naciones unidas. El canciller enfatizó que estas acciones violan las normas elementales del libre comercio y pretenden presentar a la isla como un peligro regional mediante una narrativa basada en falsedades.
La vulnerabilidad energética y el panorama regional
La realidad logística de la isla es compleja, ya que Cuba requiere aproximadamente 110.000 barriles de petróleo diarios para mantener su operatividad. Actualmente, la producción nacional apenas cubre unos 40.000 barriles, lo que obliga al país a importar casi dos tercios de su consumo total. La reciente orden ejecutiva apunta directamente a este punto débil de la infraestructura cubana.
El escenario se ha vuelto crítico tras los cambios políticos en la región. Venezuela, que históricamente fue el principal aliado energético de La Habana, redujo drásticamente su aporte tras la salida del poder de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Esto ha dejado a Cuba dependiendo de envíos menores desde México y Rusia, naciones que ahora enfrentan la amenaza directa de sanciones arancelarias por parte de la Casa Blanca.
Una amenaza a la estabilidad del Caribe
Para el gobierno cubano, la verdadera influencia maligna en la región no proviene de la isla, sino de las políticas de injerencia que intentan privar a los pueblos de su soberanía e independencia. El canciller concluyó que estas medidas solo logran desestabilizar la paz y la seguridad del hemisferio, afectando no solo a la economía cubana, sino a los socios comerciales internacionales que intentan mantener relaciones legítimas con el país caribeño.
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