
El Comando Central (Centcom) confirma la muerte de Bilal Hasan al-Jasim en el noroeste de Siria. Al-Jasim estaba vinculado al atentado de diciembre de 2025 que cobró la vida de dos soldados y un intérprete civil.
En un golpe estratégico a las estructuras operativas del terrorismo en el Medio Oriente, las fuerzas armadas de Estados Unidos confirmaron la eliminación de un alto mando vinculado a Al Qaeda y responsable de facilitar ataques de ISIS contra personal estadounidense.
El fin de un «líder experimentado» La operación, ejecutada el pasado 16 de enero en el noroeste de Siria, puso fin a la actividad de Bilal Hasan al-Jasim. Según el comunicado oficial del Centcom, Al-Jasim era una pieza clave en la red terrorista y mantenía conexiones directas con los perpetradores de la emboscada del 13 de diciembre de 2025, un ataque que resultó en la muerte de dos efectivos estadounidenses y un colaborador civil.
El almirante Brad Cooper, comandante del Centcom, fue tajante al respecto: “No habrá lugares seguros para quienes planifiquen, ejecuten o inspiren atentados contra Estados Unidos”. La acción militar se enmarca en la Operación Hawkeye Strike, una campaña diseñada para desmantelar las capacidades logísticas y de mando de los grupos yihadistas tras el repunte de la violencia a finales del año pasado.
Balance de la ofensiva militar La Operación Hawkeye Strike no solo se ha centrado en objetivos individuales. Hasta la fecha, el despliegue ha arrojado cifras contundentes:
Infraestructura: Más de 100 instalaciones terroristas destruidas.
Precisión: Uso de más de 200 municiones guiadas para minimizar daños colaterales.
Impacto humano: En el último año, las fuerzas de la coalición han capturado a más de 300 operativos y abatido a una veintena de combatientes en territorio sirio.
Un nuevo escenario estratégico Este operativo subraya el endurecimiento de la política exterior estadounidense tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. La administración ha priorizado las «acciones selectivas» y los bombardeos de precisión como herramienta principal para neutralizar amenazas estratégicas, marcando una fase de mayor agresividad militar en la región para garantizar la seguridad del personal desplegado.
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