
La OFAC oficializó la restricción de transacciones de hidrocarburos rusos hacia la isla, mientras dos buques cisterna con casi un millón de barriles desafían las sanciones en un contexto de colapso eléctrico y tras la interrupción del suministro venezolano.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), anunció este jueves una medida que escala la presión sobre el gobierno cubano: la prohibición absoluta de recibir petróleo de origen ruso. Esta decisión profundiza la vulnerabilidad de la isla, que enfrenta su peor recesión y crisis de generación eléctrica desde la caída de la Unión Soviética.
Desafío en alta mar: Los buques en la mira
Pese a las restricciones, firmas de inteligencia marítima como Windward y Kpler han detectado dos embarcaciones que avanzan hacia aguas cubanas en un abierto desafío a Washington:
El Sea Horse: Transporta 190,000 barriles de gasoil ruso. Según analistas, el buque ha empleado tácticas de «navegación encubierta», como el apagado de sus sistemas de posicionamiento (AIS) y opera sin seguros occidentales para evadir radares internacionales.
El Anatoly Kolodkin: Bajo bandera rusa y ya sancionado anteriormente, traslada 730,000 barriles de crudo con destino a las refinerías de la isla.
El fin del alivio temporal y el factor Venezuela
La nueva prohibición de la OFAC deja sin efecto la autorización excepcional que Washington había otorgado la semana pasada para la compra de crudo ruso varado, una medida que buscaba estabilizar los mercados tras el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.
El panorama para La Habana se tornó crítico desde enero de 2026, tras la operación militar estadounidense que resultó en la captura de Nicolás Maduro. Este evento interrumpió el flujo regular de crudo que Venezuela enviaba a la isla, obligando al gobierno de Miguel Díaz-Canel a buscar socios alternos en condiciones de extremo riesgo financiero y logístico.
Posturas enfrentadas: Resistencia vs. Amenaza
Desde la Casa Blanca, la administración de Donald Trump mantiene la calificación de Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria”, advirtiendo con sanciones severas a cualquier nación que facilite el abastecimiento de combustible.
Por su parte, Díaz-Canel ha calificado las presiones de Washington como «amenazas diarias» y ha llamado a una «resistencia inflexible». En este escenario, Rusia ha reafirmado su alianza estratégica con Cuba, prometiendo apoyo financiero y logístico frente a lo que Moscú denomina un «bloqueo criminal».
El desenlace de esta travesía marítima del Sea Horse y el Anatoly Kolodkin será el termómetro que mida la efectividad de las sanciones estadounidenses y el futuro inmediato de la red eléctrica cubana, hoy al borde del colapso total.
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