
Este servicio de los años noventa resurge como alternativa vital para miles de ciclistas ante la severa escasez de combustible.
En una tarde sofocante en la capital cubana, decenas de personas en bicicleta, patinete y motocicleta eléctrica se congregan en una fila ordenada frente al Túnel de la Bahía de La Habana. Todos esperan el Ciclobús, un vehículo especialmente acondicionado para transportar pasajeros y sus medios de transporte a través del viaducto submarino que conecta La Habana Vieja con el este de la ciudad. Lo que nació como una solución de emergencia hace tres décadas se ha transformado hoy en el pilar de la movilidad urbana.
El autobús diésel tiene capacidad para unos 60 pasajeros con sus respectivos vehículos, realizando suficientes trayectos para movilizar a más de 2.000 personas cada día. Su estructura es peculiar: cuenta con una sección de asientos delantera, pero la mitad del chasis es un compartimento de carga abierto. Los usuarios acceden mediante una rampa diseñada para facilitar la subida de los ciclos y permanecen junto a ellos durante el breve viaje, sujetándose a barras metálicas para mantener el equilibrio.
Un salvavidas ante la crisis energética actual
Si bien el Ciclobús no es una novedad, su popularidad ha alcanzado niveles históricos debido a la crisis energética que atraviesa la isla. Las restricciones en el suministro de hidrocarburos han obligado a racionar la gasolina de forma drástica, paralizando gran parte del transporte público convencional. En este escenario, las calles de La Habana se han vaciado de coches particulares para llenarse de bicicletas y motos eléctricas, convirtiendo al Ciclobús en un paso obligado.
Para residentes como Ingrid Quintana, quien vive en el este pero trabaja en el casco histórico, no existen muchas más opciones. El alto costo de los taxis privados, que puede alcanzar los 1.000 pesos cubanos por un solo trayecto, resulta prohibitivo frente a los salarios promedio. «Es nuestra única alternativa real porque no hay guaguas suficientes», explica mientras espera su turno para embarcar.
La ruta más corta y estratégica de Cuba
A pesar de su importancia, el Ciclobús realiza la ruta de transporte público más corta de la isla, recorriendo apenas tres kilómetros en un tiempo estimado de 15 minutos. Sin embargo, su valor estratégico es incalculable. Al cruzar directamente por debajo del mar, evita que los ciclistas tengan que bordear toda la bahía de La Habana, un trayecto terrestre de 16 kilómetros por zonas industriales con pavimentos en mal estado y escasa iluminación.
El costo del servicio es otro factor determinante para su éxito. La tarifa de embarque oscila entre los 2 y 5 pesos cubanos, una cifra simbólica comparada con los precios del mercado informal. Esto permite que los trabajadores mantengan su economía mientras sortean las dificultades de una infraestructura que parece haberse detenido en el tiempo.
El regreso definitivo del periodo especial
Este sistema, propiedad de la empresa estatal de transporte de La Habana, tiene sus raíces en el llamado Periodo Especial de los años noventa. Tras el colapso de la Unión Soviética, la isla quedó aislada y el gobierno distribuyó miles de bicicletas chinas para suplir la falta de petróleo. Hoy, la historia parece repetirse y el «autobús submarino» vuelve a ser el símbolo de la resiliencia habanera frente a la adversidad económica.
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