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El portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, califica de «débiles» a los mandatarios de la Unión Europea y advierte que su falta de autonomía política les impedirá resistir las presiones de Washington en el nuevo escenario global.
La debilidad estructural de la clase política europea
Moscú, 25 de enero (EFE).– El Gobierno de la Federación de Rusia ha endurecido su retórica frente a las capitales europeas. El Kremlin aseguró este domingo que la actual generación de políticos en el viejo continente carece de la fortaleza necesaria para navegar los cambios tectónicos que transforman la geopolítica mundial. Según la administración rusa, esta fragilidad institucional y personal sitúa a los líderes europeos en una posición de vulnerabilidad crítica frente a la estrategia de presión ejercida por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Dmitri Peskov, portavoz del presidente Vladímir Putin, fue contundente en sus declaraciones a la televisión estatal rusa, donde afirmó que los mandatarios de la Unión Europea no son capaces de hacer frente a las exigencias de la Casa Blanca. Peskov vinculó esta supuesta incapacidad a una degradación de la calidad política en la región, calificando a los actuales dirigentes como una «pobre generación» que ha crecido bajo el amparo de dinámicas de poder que ya no resultan sostenibles en el siglo veintiuno.
Consecuencias de décadas de hipocresía diplomática
Para el Kremlin, la situación actual no es fortuita, sino el resultado de lo que denominan un sistema de «doble rasero» que ha dominado la diplomacia europea durante décadas. Peskov subrayó que los cambios dramáticos que vive el orden internacional son la respuesta natural al agotamiento de este modelo. Según su visión, la hipocresía de las instituciones europeas ha erosionado su propia soberanía, dejándolas sin herramientas para negociar en igualdad de condiciones con potencias que actúan de forma más pragmática y directa.
El portavoz ruso utilizó como ejemplo la reciente actividad en el Foro de Davos. Durante este encuentro, Donald Trump hizo pública una conversación privada mantenida con el presidente francés, Emmanuel Macron. La reacción en el continente fue, a juicio de Moscú, reveladora de un complejo de inferioridad política. Peskov señaló con ironía cómo los líderes europeos «se pusieron de puntillas» ante la filtración estadounidense, mientras que mantuvieron un silencio absoluto cuando Macron hizo lo propio con una charla privada con Putin hace un tiempo.
El choque entre el mercantilismo de Trump y el multilateralismo
A pesar de la crítica a Europa, el Kremlin tampoco otorga un cheque en blanco a los métodos de Washington. Peskov admitió que la visión de Donald Trump no se alinea completamente con el orden multipolar que Rusia promueve. El enfoque estadounidense, basado en la lógica del mundo de los negocios, prioriza la imposición del más fuerte sobre el consenso internacional. Rusia reconoce en Trump a un político experimentado y despiadado que defiende exclusivamente los intereses de su país, una postura que Moscú respeta por su claridad, pero que rechaza cuando implica que otras naciones deban «bajar la cerviz».
Finalmente, mientras el escenario en puntos calientes como Venezuela, Irán o Groenlandia sigue en tensión, el Kremlin mantiene una calculada distancia. Vladímir Putin, aunque observa con atención los movimientos de la Casa Blanca, aún no ha formalizado su respuesta a la invitación para integrar la Junta de Paz para Gaza, manteniendo el misterio sobre cuál será el próximo paso de Rusia en el complejo tablero de la seguridad internacional.
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