
El Santo Padre concluye su tercera jornada de visita apostólica en Francia con una multitudinaria Misa ante 100.000 fieles, un emotivo encuentro con los enfermos en el santuario y un llamado urgente a la oración global por la paz durante el mes de octubre.
Una multitudinaria celebración de fe y oración por la paz
El Papa León vivió una intensa tercera jornada de su viaje apostólico a Francia, cuyo epicentro fue el emblemático Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. Durante la mañana, el Pontífice sostuvo un encuentro privado con los miembros de la Conferencia Episcopal Francesa para abordar los desafíos pastorales actuales de la Iglesia en el país. Posteriormente, presidió una Misa multitudinaria ante más de 100.000 peregrinos congregados en la explanada del santuario. En su homilía, el Obispo de Roma hizo un llamamiento especial a la comunidad internacional y a la feligresía para dedicar el próximo mes de octubre al rezo diario del Santo Rosario, pidiendo especialmente por el fin de los conflictos armados y la reconciliación entre las naciones.
El valor inalienable de los enfermos en la sociedad
Durante la tarde, el Santo Padre dedicó un espacio central de su agenda a visitar a las personas enfermas y con discapacidad alojadas en las instalaciones del santuario. En un conmovedor discurso, el Papa León enfatizó el lugar prioritario que ocupan las personas vulnerables tanto en la Iglesia como en la estructura social. El Pontífice afirmó categóricamente que los enfermos no representan una carga ni un peso para la comunidad, sino que constituyen el corazón palpitante de nuestra humanidad. Asimismo, recordó a los presentes la dignidad intrínseca de cada ser humano, asegurando que ninguno de ellos permanece invisible a los ojos de Dios, sin importar su condición física o sus limitaciones.
Cierre de la jornada con la procesión de las antorchas
La agenda del Pontífice en el célebre recinto mariano culmina a las 21:00 horas con su participación en la tradicional procesión nocturna de las antorchas. Este acto devocional reúne habitualmente a miles de peregrinos de diversas nacionalidades en una manifestación comunitaria de luz y fe. Con este encuentro de oración concluye una de las etapas más significativas de su visita oficial a suelo francés, caracterizada por una alta convocatoria popular y un marcado acento en el consuelo a las personas que sufren.
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