
En un gesto de humildad, el pontífice destacó el servicio como pilar del sacerdocio durante la misa de Jueves Santo.
El Papa León XIV presidió esta tarde la misa de la Cena del Señor en la basílica de San Juan de Letrán, marcando el inicio del Triduo Pascual con un acto de profunda carga simbólica. En esta ocasión, el Santo Padre decidió centrar el tradicional rito del lavatorio en doce sacerdotes recientemente ordenados, enfatizando la naturaleza de su ministerio. Este gesto no solo conmemora el mandato de Cristo a sus discípulos, sino que busca fortalecer el vínculo de fraternidad entre el obispo de Roma y el clero que comienza su labor pastoral.
El ejemplo de la entrega absoluta
El momento más emotivo de la tarde se vivió cuando el Santo Padre, con paso pausado pero firme, se acercó a un presbítero en silla de ruedas. Con una humildad que silenció a la asamblea, el Papa lavó y besó sus pies, rompiendo cualquier barrera de jerarquía para situarse en el plano del servicio absoluto. La imagen de la máxima autoridad de la Iglesia católica arrodillada ante un joven ministro conmovió a los fieles presentes, recordándoles que el liderazgo cristiano se mide por la capacidad de abajamiento y cuidado hacia el prójimo.
Este acto fue interpretado como un mensaje directo a las nuevas generaciones de clérigos. Al elegir a estos doce hombres, el Papa manifestó su voluntad de acompañar personalmente los primeros pasos de aquellos que él mismo llamó al altar. Con ello, les recordó que el sacerdocio nace, precisamente, de este gesto de abnegación realizado por Cristo en la Última Cena. Aunque el pontífice no pronunció un discurso extenso durante este rito, su acción comunicó con claridad que el sacerdocio no debe ser entendido como un grado de poder, sino como un grado de entrega total.
El corazón de la última cena
Al concluir el rito, el ambiente en San Juan de Letrán reflejaba la solemnidad de quien comprende que la Eucaristía y el Orden Sagrado son dos caras de la misma moneda. Al enfocarse en sus sacerdotes, León XIV ha puesto de relieve que el corazón de la Gran Semana Santa no solo es el sacrificio, sino el servicio mutuo que debe imperar en la comunidad cristiana. La liturgia continuó en un clima de recogimiento, donde la oración por la unidad de la Iglesia y la fidelidad de sus ministros fue el eje central de las peticiones.
Una imagen para la posteridad
Con este acto, el Papa León XIV inicia formalmente las celebraciones de la Pasión, dejando una imagen para la historia: la del sucesor de Pedro arrodillado ante los pies de quienes, apenas hace meses, iniciaron su camino de pastores bajo su guía. Este encuentro directo entre el Papa y sus presbíteros subraya una visión de Iglesia cercana y colaborativa. La jornada de Jueves Santo cierra así con una invitación a la reflexión sobre la importancia de la caridad y la sencillez en el ejercicio de la fe, preparando el camino hacia los días de duelo y esperanza que conforman el misterio pascual.
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