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La Santa Sede analiza su posible participación en la iniciativa de paz estadounidense, reafirmando su compromiso histórico con la mediación internacional y la resolución de conflictos globales.
La Secretaría de Estado de la Ciudad del Vaticano ha confirmado que se encuentra en un proceso de evaluación técnica y diplomática tras recibir una invitación formal del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. La propuesta busca que la Santa Sede forme parte activa de la denominada Junta de la Paz, un organismo de alto nivel diseñado para mediar en las tensiones geopolíticas actuales y fomentar la estabilidad en regiones bajo conflicto armado.
Una respuesta basada en la neutralidad activa
La posición del papa Francisco siempre se ha caracterizado por lo que los expertos denominan «neutralidad activa». Esto significa que, aunque el Vaticano no toma partido en bloques políticos, siempre está dispuesto a facilitar el diálogo donde exista una oportunidad real de salvar vidas. Fuentes cercanas al Palacio Apostólico indican que la Santa Sede valora la apertura de canales de comunicación directos con Washington, pero su decisión final dependerá de que la Junta de la Paz garantice un enfoque multilateral y respetuoso con el derecho internacional.
La invitación de Donald Trump llega en un momento de máxima sensibilidad en el panorama exterior. La Casa Blanca ha expresado que la presencia de una autoridad moral como el Vaticano otorgaría a la junta una legitimidad ética necesaria para sentar a diversas partes en la mesa de negociación. Sin embargo, los diplomáticos vaticanos, liderados por el cardenal Pietro Parolin, están revisando detalladamente las competencias y el alcance real que tendrá este nuevo organismo antes de comprometer su participación oficial.
Implicaciones para la diplomacia global
De concretarse esta colaboración, la Junta de la Paz podría convertirse en uno de los foros de mediación más influyentes de la década. La experiencia de la Santa Sede en mediaciones históricas, como el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos o los procesos de paz en Sudamérica, aporta un valor estratégico que el equipo de Donald Trump considera fundamental. El objetivo declarado por la administración estadounidense es crear una estructura ágil que supere las parálisis burocráticas de otras organizaciones internacionales.
Por otro lado, la Santa Sede debe equilibrar su participación para evitar que su imagen sea utilizada con fines partidistas. La Iglesia católica mantiene una red diplomática extensa y discreta, y cualquier paso hacia una estructura liderada por una potencia mundial debe ser calculado con extrema prudencia. Se espera que en las próximas semanas se produzca un encuentro bilateral entre representantes de la Secretaría de Estado y delegados de la Casa Blanca para definir los términos de esta posible cooperación.
El compromiso con el diálogo humanitario
Independientemente del resultado de estas deliberaciones, el Vaticano ha reiterado que su prioridad absoluta sigue siendo la protección de las poblaciones civiles y la promoción de una cultura del encuentro. La Junta de la Paz representa una herramienta potencial para este fin, pero la Santa Sede insistirá en que cualquier esfuerzo de pacificación debe abordar las causas profundas de la pobreza y la desigualdad, más allá de los acuerdos puramente militares o económicos.
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