
Una franja de 2,100 kilómetros, desde Arkansas hasta Nueva Inglaterra, permanece en alerta tras el paso de una tormenta histórica. Más de 690,000 usuarios sufren cortes de energía mientras el transporte aéreo registra su mayor colapso en años.
Estados Unidos enfrenta una de sus crisis meteorológicas más severas de la última década. Una implacable tormenta invernal ha dejado un rastro de devastación que, hasta este martes 27 de enero, suma al menos 26 víctimas mortales. El fenómeno ha paralizado la vida cotidiana en el Sur y el Noreste del país, sepultando ciudades bajo 50 centímetros de nieve y capas de hielo que han colapsado la red eléctrica.
El Servicio Meteorológico Nacional informó que las temperaturas han caído a niveles peligrosos, registrando sensaciones térmicas de hasta -31 °C en zonas de Pensilvania. Según los expertos, este corredor de frío extremo se extiende por más de 2,000 kilómetros, afectando la movilidad y la seguridad de millones de ciudadanos.
Impacto regional y colapso de servicios:
El Noreste sepultado: Nueva York registró su mayor nevada en años (hasta 38 cm), forzando el cierre de escuelas físicas y trasladando a 500,000 estudiantes al modelo de educación remota.
Desastre en el Sur: Mississippi y Tennessee sufren las consecuencias del hielo acumulado. Autoridades locales comparan la destrucción de árboles y tendido eléctrico con el paso de un tornado. Mississippi enfrenta su peor escenario de este tipo desde 1994.
Caos en el transporte: El sector aeronáutico vive su jornada más crítica desde la pandemia de 2020. El lunes se cancelaron más de 8,000 vuelos, lo que representa casi la mitad de la actividad aérea programada en el país.
Infraestructura bajo asedio
La falta de suministro eléctrico afecta a más de 690,000 hogares, dejando a comunidades enteras aisladas en medio de temperaturas gélidas. En Oxford, Mississippi, la universidad local suspendió actividades por toda la semana, mientras el gobierno federal habilita refugios de emergencia dotados de generadores y suministros básicos para evitar que la cifra de fallecidos por hipotermia siga aumentando.
«La devastación es total; los árboles y cables caídos bloquean caminos y han dejado a nuestra comunidad en la oscuridad», declaró Robyn Tannehill, alcaldesa de Oxford, al describir la magnitud del daño.
El pronóstico para los próximos días no es alentador: el Servicio Meteorológico advierte que el frío ártico persistirá durante la semana y que existe la amenaza latente de una nueva tormenta invernal que podría golpear la costa este durante el próximo fin de semana.
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