
El Gobierno de Francia admitió deficiencias operativas en el manejo de las violentas jornadas de protesta registradas el pasado fin de semana y anunció la reestructuración de sus estrategias de seguridad con vistas a las movilizaciones convocadas para este sábado 24 de octubre por sectores estudiantiles y los llamados «chalecos amarillos».
En una comparecencia celebrada este martes 20 de octubre ante la Asamblea Nacional, el primer ministro Sébastien Lecornu señaló que la respuesta de los cuerpos policiales resultó «demasiado estática» y careció del volumen de efectivos necesario para contener a los manifestantes.
«Hemos aprendido la lección», aseveró el jefe del Ejecutivo, argumentando que las fuerzas del orden debieron responder a «una forma de actuar inédita» por parte de grupos organizados que intentaron aproximarse a las sedes del poder central, como el Palacio del Elíseo. Lecornu atribuyó parte de las fallas a imprecisiones en los informes de inteligencia previa y a la falta de previsión en los permisos vacacionales de las tropas policiales.
Cambio de doctrina y mayor movilidad
Para contener nuevos brotes de violencia, el primer ministro ratificó que la prioridad absoluta es la restitución inmediata del orden público, destacando que los toques de queda parciales implementados desde la noche del lunes 19 en varias grandes ciudades han contribuido a apaciguar las calles.
Por su parte, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, adelantó que el próximo sábado se ejecutará un operativo masivo y más dinámico, ajustando la doctrina de contención hacia un esquema de mayor capacidad de reacción y movilidad frente a células que actúan de manera coordinada.
Ante los señalamientos de la oposición, que calificó la gestión gubernamental de «improvisada» y «falta de planificación», la cúpula de seguridad enfatizó que los recursos disponibles serán reorganizados para garantizar la protección de las instituciones y la tranquilidad ciudadana.
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