
Sumario
La sociedad civil de Minnesota se moviliza masivamente contra la brutalidad del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas tras los asesinatos de Renee Good y Alex Pretti, denunciando una deriva antidemocrática en la gestión federal.
Un clamor popular bajo el frío de Minnesota
A pesar de las gélidas temperaturas que azotan el norte de Estados Unidos, decenas de miles de personas se congregaron este lunes en las calles de Mineápolis. El objetivo fue claro: rechazar la represión sistemática contra la población migrante y condenar los crímenes atribuidos al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La indignación colectiva ha escalado tras las muertes de Renee Good y Alex Pretti, cuyas vidas fueron segadas por agentes federales en incidentes que la comunidad califica como ejecuciones extrajudiciales.
Esta protesta pacífica no es un hecho aislado. Se suma a una ola de demostraciones que recorre todo el estado de Minnesota, donde diversos sectores sociales exigen el cese inmediato de las operaciones de control migratorio. Los manifestantes sostienen que estas acciones, coordinadas por agencias de Seguridad Nacional, han sobrepasado los límites constitucionales y se han convertido en una herramienta de persecución política y social.
Críticas a la deriva autoritaria del gobierno federal
Durante un mitin cargado de consignas en favor de los derechos humanos, los portavoces de la movilización cuestionaron abiertamente el autoritarismo del gobierno federal. Se denunció una preocupante deriva democrática que, según los organizadores, pone en riesgo las libertades civiles básicas de todos los residentes, independientemente de su estatus migratorio. La marcha recorrió las principales arterias viales de Mineápolis, ciudad que se ha consolidado como el epicentro del rechazo nacional al ICE.
El uso excesivo de la fuerza y las recientes redadas masivas han sembrado el terror en los vecindarios. Los asistentes a la marcha, portando pancartas con lemas como «Queremos al ICE fuera ahora», señalaron que la presencia de agentes federales ha fracturado la cohesión comunitaria. La exigencia de rendición de cuentas es unánime, especialmente tras semanas de detenciones arbitrarias y la traumática separación de familias que han residido en la región por décadas.
Los casos de Alex Pretti y Renee Good
El detonante de la rabia ciudadana tiene nombres propios. El pasado sábado 24, el enfermero intensivista Alex Pretti, de 37 años, fue víctima de una agresión letal. Según testigos, agentes del ICE lo rociaron con gas pimienta y lo golpearon antes de que uno de ellos le disparara al menos en diez ocasiones. Pretti, descrito por sus colegas como un profesional dedicado, intentaba proteger a una mujer de la violencia institucional cuando fue baleado a plena luz del día.
Este trágico suceso ocurrió mientras Pretti participaba en las protestas por el asesinato de Renee Good, ocurrido el 7 de enero a manos de otro agente federal. En ambos casos, el patrón de respuesta de la administración de Donald Trump ha sido la defensa cerrada de los efectivos involucrados. Al culpar a la ciudadanía y a los sectores de la oposición por la violencia, el Ejecutivo ha alimentado un clima de polarización y desconfianza en las instituciones de justicia, lo que ha impulsado a más ciudadanos a tomar las calles en defensa de la dignidad humana.
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