
Tras las trágicas muertes de dos ciudadanos a manos del ICE, la ciudad vive una ola de protestas lideradas por la población local en solidaridad con las minorías. Mientras la Administración Trump endurece las tácticas de registro, el miedo paraliza a las comunidades hispanas y asiáticas que buscan refugio en sus hogares.
La ciudad de Minneapolis ha emergido como el punto de mayor fricción en la ejecución de la política migratoria de la Administración Trump, cuyo objetivo es concretar la movilización de deportación más ambiciosa en la historia de los Estados Unidos. La tensión alcanzó un punto de quiebre tras el fallecimiento de los ciudadanos Alex Pretti y Renée Good durante operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), un hecho que ha desatado una movilización civil sin precedentes.
Lo que distingue la situación en Minneapolis es la demografía de su activismo: aproximadamente el 77 % de los manifestantes son ciudadanos blancos, quienes han tomado las calles en solidaridad con los sectores más vulnerables. Por el contrario, las familias de origen hispano y asiático han optado por el confinamiento voluntario, temiendo que cualquier aparición pública derive en arrestos, delegando en sus vecinos el suministro de provisiones y apoyo logístico.
Escalamiento y cambios tácticos:
Relevo en la dirección: En un intento por matizar la imagen del operativo, el Gobierno reemplazó a Greg Bovino por Tom Homan. No obstante, esta supuesta «desescalada» ha coincidido con un preocupante incremento en la detención de ciudadanos estadounidenses.
Prácticas bajo cuestionamiento: Informes obtenidos por el diario El País revelan que el jefe en funciones del ICE habría autorizado registros en viviendas privadas sin las debidas garantías legales, una práctica que ha intensificado el clima de inseguridad jurídica.
Libertad de prensa: El pasado viernes, la detención de dos periodistas durante la cobertura de las protestas añadió una nueva capa de críticas internacionales sobre el respeto a la libertad de información en el marco de estos operativos.
Un termómetro para la nación
La situación en Minneapolis no es un evento aislado, sino un indicativo de la polarización que enfrenta el país. El miedo que hoy paraliza a los migrantes en sus casas convive con un movimiento ciudadano que desafía las órdenes federales, convirtiendo a Minnesota en un laboratorio de la resistencia civil frente a la seguridad nacional.
«La incertidumbre y el miedo son los sentimientos dominantes. Mientras las autoridades intensifican los registros, la comunidad local intenta construir una red de protección ciudadana», indican analistas sobre el terreno.
Diariorepublica.com



