
El estado de emergencia y conmoción se mantiene en Nepal tras confirmarse un trágico balance provisional de 1.252 personas fallecidas y 4.216 desaparecidas, a más de una semana de la descomunal riada que arrasó por completo múltiples asentamientos ubicados a lo largo de la ribera del río Trishuli.
La actualización oficial fue emitida este jueves a las 12:00 hora local por la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres de Nepal (NDRRMA), instancia que ratificó la magnitud de la catástrofe. Entre la cifra de personas no localizadas figuran al menos 583 ciudadanos extranjeros, de acuerdo con los reportes consulares que incluyen a dos nacionales de España.
Complejas labores de identificación y rescate
Uno de los obstáculos más críticos que enfrentan los equipos de emergencia radica en el proceso de reconocimiento forense. Hasta la fecha, de los más de 1.200 cuerpos recuperados desde el inicio de la tragedia el pasado 26 de agosto, apenas 95 cadáveres han podido ser identificados plenamente y entregados a sus deudos.
Ante este panorama, la Policía de Nepal ha solicitado formalmente a los miles de familiares que aguardan en los centros de búsqueda la consignación de muestras de sangre y perfiles de ADN, una medida indispensable para acelerar la identificación de los restos humanos rescatados. Las autoridades locales advirtieron que la cuantificación exacta de las víctimas se torna cada vez más compleja, no solo por el volumen de desaparecidos, sino debido a la recuperación fragmentada de restos que podrían pertenecer a un mismo cuerpo.
Por su parte, en las zonas fronterizas del Tíbet (China), los reportes oficiales contabilizan 21 fallecidos y 541 desaparecidos en el condado de Gyirong, de los cuales 261 corresponden a extranjeros.
Un desastre sin precedentes
El fenómeno natural ocurrió el pasado 26 de agosto, cuando el caudal del río Trishuli experimentó una crecida histórica y repentina de entre 15 y 18 metros por encima de su nivel habitual, barriendo por completo asentamientos humanos en un tramo de aproximadamente 72 kilómetros. Observadores locales y expertos han catalogado el evento como la mayor riada de memoria histórica en la región, mientras los cuerpos de socorro continúan desplegados en la búsqueda de sobrevivientes y en la recuperación de áreas afectadas.
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