
Durante la audiencia general en la Plaza de San Pedro, el Sumo Pontífice exhortó a los líderes mundiales a detener la violencia y manifestó su esperanza en que las gestiones diplomáticas de EE. UU. logren un cese al fuego antes del domingo de Resurrección.
En el marco de las celebraciones de la Semana Santa, el papa León XIV lanzó este miércoles un enérgico llamado a la comunidad internacional para priorizar la protección de los más vulnerables. Ante miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro, el Obispo de Roma pidió oraciones especiales por «los enfermos, los pobres y las víctimas inocentes de la guerra».
Durante su catequesis, el Pontífice centró su mensaje en la misión de los bautizados, subrayando que el mundo actual requiere urgentemente del espíritu de Cristo para alcanzar la justicia y la caridad. «Esto solo es posible con la contribución, el servicio y el testimonio de los laicos», sentenció.
Vientos de tregua en Oriente Medio
La jornada estuvo marcada por las recientes declaraciones del Papa a la salida de su residencia en Castel Gandolfo. León XIV se refirió a las intenciones manifestadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el fin de las hostilidades en regiones en conflicto.
«Espero que esté buscando una forma de reducir la cantidad de violencia, lo que sería una contribución significativa para frenar el odio que aumenta constantemente en Oriente Medio», afirmó el Santo Padre, expresando su anhelo de que las armas callen incluso antes del domingo de Pascua.
Llamado a la mesa de negociación
El sucesor de Pedro fue enfático al dirigirse a los jefes de Estado y de Gobierno, instándolos a abandonar la retórica bélica y retomar la vía diplomática como único camino hacia la estabilidad regional.
Diálogo: Exhortó a los líderes a «volver a la mesa para hablar» y buscar soluciones concertadas.
Reducción de violencia: Pidió detener la promoción de conflictos que solo generan resentimiento y destrucción.
Bendición apostólica: En su saludo a los peregrinos de lengua árabe, el Papa imploró por «paz y consuelo» para los pueblos que sufren el flagelo de la guerra.
Con este pronunciamiento, la Santa Sede refuerza su papel como mediador moral en un contexto de alta tensión geopolítica, elevando la presión internacional para lograr acuerdos humanitarios antes del término de la festividad litúrgica más importante del cristianismo.
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