
Durante unas maniobras navales en el Lejano Oriente, Vladímir Putin tildó de «piratería» las acciones europeas contra navíos rusos y prometió una respuesta simétrica a escala global.
La tensión marítima entre el Kremlin y las potencias occidentales escaló a un nuevo nivel. El presidente ruso, Vladímir Putin, lanzó una firme advertencia al señalar que su administración no dudará en embargar barcos occidentales en cualquier punto del globo si los Estados europeos concretan la confiscación de buques asociados a las operaciones comerciales de Moscú.
El pronunciamiento tuvo lugar a bordo del crucero Varyag, en el marco de una serie de maniobras de la Armada rusa frente a la isla de Sajalín. El mandatario tildó de «piratería» las intenciones de varios gobiernos de incautar y subastar navíos y cargamentos vinculados a la red naviera que Rusia emplea para mantener sus exportaciones frente a los bloqueos de la Unión Europea. «Si eso se concreta, tendremos que responder de la misma forma», sentenció, dejando claro que el alcance de sus represalias no se limitará a sus aguas territoriales.
La postura de Moscú responde a la reciente intensificación de las medidas punitivas de la Unión Europea, aprobadas a finales de julio para neutralizar la logística energética rusa. Países como Francia y Suecia han encabezado la interceptación de estas embarcaciones; este último entregó recientemente a Ucrania un carguero interceptado en marzo con trigo proveniente de zonas bajo control ruso.
Este choque diplomático y naval coincide con un contexto de alta fricción geopolítica en el Pacífico —a días de los ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur— y con la continuación de las hostilidades en el frente terrestre, donde recientes ataques en la región rusa de Krasnodar y nuevos bombardeos en suelo ucraniano continuaron cobrando vidas civiles en ambos lados de la frontera.
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