
Bajo la dirección de la administración Trump, la inteligencia estadounidense y el Departamento de Estado diseñan una hoja de ruta para consolidar su influencia en el país tras la captura de Nicolás Maduro.
En un movimiento que redefine la política exterior de la Casa Blanca hacia el Hemisferio Occidental, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ha iniciado gestiones discretas para establecer una estructura operativa permanente en territorio venezolano. Según un reporte difundido este martes 27 de enero por la cadena CNN, el objetivo central es garantizar que Estados Unidos ejerza una influencia decisiva sobre el rumbo político y social de la nación sudamericana.
Las deliberaciones, que involucran directamente al Departamento de Estado, buscan establecer las bases de una presencia estadounidense que trascienda la actual fase de transición, alineándose con la visión estratégica del presidente Donald Trump para la región.
Ejes de la planificación estadounidense:
Presencia Multidimensional: Las discusiones evalúan la arquitectura de la misión estadounidense en Caracas, contemplando tanto la logística de corto plazo como el establecimiento de oficinas de control a largo plazo.
Influencia Post-Maduro: La estrategia se aceleró tras la captura de Nicolás Maduro a principios de este mes, evento que Washington considera el punto de inflexión para reorganizar la institucionalidad venezolana.
Seguridad y Estabilidad: El plan contempla el despliegue de personal especializado para supervisar la transición y asegurar que los intereses de seguridad nacional de EE. UU. no se vean comprometidos en el nuevo escenario.
Un nuevo capítulo diplomático
Aunque los detalles específicos sobre la ubicación y el tamaño de esta «presencia permanente» se mantienen bajo reserva por razones de seguridad, las fuentes citadas por CNN indican que la administración Trump busca evitar un vacío de poder que pueda ser aprovechado por otros actores globales. El enfoque se centra en estabilizar el país bajo una supervisión directa que permita coordinar tanto la asistencia humanitaria como la reactivación de la industria energética.
«No se trata de una misión temporal; la planificación apunta a una estancia prolongada que garantice que el futuro de Venezuela se mantenga alineado con los estándares democráticos y los intereses de estabilidad regional», señala el informe.
Esta iniciativa marca el retorno formal de la inteligencia y la diplomacia estadounidense a suelo venezolano con niveles de autoridad no vistos en décadas, transformando radicalmente la dinámica de poder en el Caribe.
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