
La parálisis educativa y comercial en la capital de La Guajira cumple 72 horas ante las amenazas de grupos ilegales y el despliegue militar.
La ciudad de Riohacha atraviesa una crisis de seguridad sin precedentes recientes. Por tercer día consecutivo, el silencio domina las calles de la capital de La Guajira debido a un paro armado impuesto por estructuras criminales que operan en la región. Esta situación ha forzado un cese total de actividades en el sector educativo, afectando directamente el derecho a la formación de miles de niños y jóvenes, mientras el miedo dicta la dinámica urbana.
Impacto profundo en el sistema educativo regional
La cifra de estudiantes afectados es alarmante y refleja la magnitud del bloqueo social. De acuerdo con los reportes oficiales, cerca de 17 mil estudiantes pertenecientes a la educación superior, principalmente de la Universidad de La Guajira, han tenido que interrumpir sus cronogramas académicos. A ellos se suman más de 50 mil alumnos de instituciones de educación básica y media, tanto del sector público como privado.
Este vacío en las aulas no solo representa un retraso pedagógico, sino que evidencia la vulnerabilidad de las instituciones frente al control territorial de los grupos al margen de la ley. Los padres de familia, ante la incertidumbre y las amenazas circulantes, han optado por resguardar a sus hijos en los hogares, a la espera de garantías reales por parte de la administración municipal y departamental.
Comercio y transporte en estado de alerta
El panorama en el centro de Riohacha y en las zonas comerciales periféricas es de una parálisis parcial que golpea la economía local. Muchos establecimientos han decidido no abrir sus puertas por temor a represalias o actos vandálicos. El servicio de transporte público, vital para el movimiento de trabajadores y ciudadanos, opera de forma extremadamente limitada, lo que dificulta aún más el retorno a la normalidad.
Las terminales de transporte y las principales vías de acceso a la ciudad muestran una disminución drástica en el flujo de pasajeros. Esta situación ha generado un efecto dominó en el abastecimiento de productos básicos, elevando la preocupación de los habitantes sobre la duración de la medida de fuerza impuesta por los grupos armados.
Respuesta institucional y despliegue de seguridad
Frente al deterioro del orden público, las autoridades han respondido con un incremento significativo del pie de fuerza. En puntos estratégicos de la ciudad es posible observar el despliegue de tanques del Ejército Nacional y la presencia de unidades militares fuertemente armadas. Estas tropas, en coordinación con la Policía Nacional, buscan retomar el control de los corredores viales y brindar una sensación de seguridad que permita la reapertura de los comercios.
A pesar de la presencia de blindados y patrullajes constantes, la tensión sigue latente. La población civil se encuentra en medio de un pulso entre la institucionalidad y la criminalidad. Los líderes gremiales y sociales de Riohacha han hecho un llamado urgente al gobierno nacional para que se tomen medidas de fondo que vayan más allá del despliegue momentáneo, buscando soluciones estructurales a la violencia que azota al departamento de La Guajira. Por ahora, la ciudad permanece a la expectativa de un nuevo balance oficial que permita reanudar las clases y la vida cotidiana.
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