
En un movimiento que busca reducir el voltaje de la confrontación en el Atlántico Norte, el presidente Donald Trump ordenó este viernes la liberación de dos ciudadanos rusos que formaban parte de la tripulación del petrolero ‘Marinera’. El buque había sido interceptado y capturado por la Guardia Costera de EE. UU. a principios de esta semana en una operación vinculada al embargo petrolero contra Venezuela.
El Kremlin agradece el gesto
A través de un comunicado oficial emitido por el Ministerio de Exteriores de Rusia, el gobierno de Vladímir Putin expresó su gratitud por la resolución del caso. La portavoz María Zajárova confirmó que ya se están ejecutando los protocolos logísticos para garantizar el «pronto retorno» de los marinos a territorio ruso.
Este gesto de la Casa Blanca ocurre apenas 24 horas después de que Moscú presentara una nota formal de protesta, calificando el abordaje del buque en aguas internacionales como una «acción ilegal».
Medvédev admite «métodos inadecuados»
Mientras el presidente Putin ha mantenido un silencio estratégico sobre este incidente y la reciente captura de Nicolás Maduro, el expresidente Dmitri Medvédev ofreció una visión más cruda de los hechos.
A través de su canal de Telegram, Medvédev reconoció que el ‘Marinera’ utilizó la bandera de Rusia como una táctica desesperada para evadir las sanciones estadounidenses, aunque cuestionó la ejecución de la maniobra:
«Es evidente que buscaba protección ante las ilegales sanciones, pero el método elegido no fue del todo adecuado», admitió el actual vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso.
Crónica de una persecución en alta mar
El ‘Marinera’ protagonizó una huida cinematográfica que comenzó en diciembre, cuando repelió un primer intento de abordaje. Según reportes de inteligencia:
Tácticas de camuflaje: Durante la persecución, la tripulación pintó una bandera rusa en el casco, modificó el nombre del navío y alteró su matrícula para confundir a los radares.
El estatus legal: Moscú sostiene que el buque tenía permiso para navegar bajo su bandera desde el 24 de diciembre y se dirigía a un puerto ruso.
La ‘Flota Fantasma’: El incidente pone nuevamente bajo la lupa el uso de petroleros sin registro fijo que Rusia emplea para comercializar crudo eludiendo el cerco financiero occidental.
Propiedad y escolta
A pesar de los rumores sobre el despliegue de un submarino ruso para escoltar la embarcación, la prensa estadounidense confirmó que el abordaje final se realizó sin resistencia y sin presencia de otros navíos militares en las proximidades. Investigaciones de la prensa rusa vinculan la propiedad del buque a la empresa Burevestmarin, propiedad de un empresario de Crimea y registrada en la región de Riazán.
Este episodio subraya la fragilidad de la seguridad en las rutas del Atlántico, donde la «flota fantasma» y los intereses energéticos de Venezuela y Rusia siguen colisionando con la vigilancia activa de los Estados Unidos.
Diariorepublica.com



