
Testimonios revelan encadenamientos, traslados opacos y separación familiar tras la expulsión de migrantes con protección legal hacia África.
Venezolanos deportados por EE UU a Liberia denunciaron tortura psicológica, aislamiento y el uso permanente de cadenas durante su traslado trasatlántico. Pese a que el gobierno liberiano aseguró que los expulsados tendrían libertad de movimiento, asilo o salida del país, los afectados relatan un proceso signado por la opacidad institucional y la violación sistemática de sus derechos humanos.
Traslados clandestinos y detención arbitraria
El patrón de expulsión ejecutado por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) destaca por la falta de transparencia procesal. Víctimas de este esquema reportan haber sido transferidas por múltiples centros de detención en pocos meses sin notificación alguna a sus equipos legales.
Un venezolano de 45 años, profesional del sector eólico con récord criminal limpio y protección contra la repatriación, fue arrestado durante un chequeo de rutina. Su caso evidencia que contar con estatus de protección no impidió su detención e inminente expulsión, dejando a su familia en vulnerabilidad total.
Maltrato físico y presión psicológica
El periplo hacia África combinó coacción verbal y restricciones físicas extremas. Los testimonios coinciden en que los agentes del ICE emplearon tácticas de aterrorizamiento psicológico mediante desinformación, respuestas evasivas y amedrentamiento directo frente a cualquier intento de resistencia.
Durante el vuelo de aproximadamente 15 horas hacia Monrovia, los deportados permanecieron encadenados de pies y manos. Este trato degrada la condición humana de personas que no cometieron delitos, ignorando las evaluaciones de riesgo personal ante una eventual devolución a territorio venezolano.
Secuelas traumáticas y fractura familiar
El impacto socioafectivo de estas medidas afecta gravemente a los núcleos familiares en suelo estadounidense. Los hijos de los deportados enfrentan cuadros de depresión, necesidad de atención terapéutica y la deserción escolar temprana para asumir la manutención del hogar ante la ausencia repentina del proveedor principal.
La amenaza latente de nuevas detenciones mantiene en zozobra a las familias divididas. Las víctimas descartan regresar a EE UU y buscan refugio en terceros países para reunificar a sus miembros, exponiendo un sistema migratorio que prioriza la expulsión masiva sobre las garantías procesales y el derecho internacional de asilo.
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