
Durante enero de 2026, la costa del Golfo de Estados Unidos se convirtió en el proveedor exclusivo de diluyentes para la industria venezolana. El flujo desde puertos texanos alcanzó los 1,2 millones de barriles, desplazando por completo las importaciones desde Rusia tras las recientes acciones de Washington.
El mercado de hidrocarburos en Venezuela ha experimentado un giro radical en sus rutas de suministro durante el primer mes de 2026. Según datos de seguimiento naviero, el país ha dejado de depender de la nafta rusa para abastecerse exclusivamente de proveedores ubicados en la costa del Golfo de Estados Unidos, rompiendo con la tendencia comercial que predominó hasta el cierre del año pasado.
Puertos estratégicos en Texas, como Houston, Beaumont y Corpus Christi, han despachado volúmenes que oscilan entre 970.000 y 1,22 millones de barriles de nafta hacia terminales venezolanas en lo que va de enero. Este movimiento marca el fin de la estructura de suministro que, hasta diciembre de 2025, se apoyaba en aliados euroasiáticos bajo licencias especiales.
Claves del nuevo mapa de suministro:
Efecto de las medidas de EE. UU.: La reconfiguración se aceleró tras las operaciones de Washington en enero de 2026, que bloquearon el flujo de buques sancionados y cortaron los suministros desde Rusia.
Nuevos Actores en Escena: Casas comerciales globales como Vitol y Trafigura han emergido como los nuevos proveedores autorizados, operando bajo acuerdos vinculados directamente con el Departamento del Tesoro estadounidense.
Logística Crítica: La nafta es un insumo vital y de alto costo utilizado como diluyente para movilizar el crudo extrapesado de la Faja del Orinoco; sin este componente, la exportación de petróleo venezolano se vería paralizada.
Impacto en el mercado regional
Este reajuste no solo altera la geopolítica energética, sino que también ha generado un alza en los costos de transporte marítimo debido al incremento súbito de la demanda venezolana. Analistas del sector señalan que, aunque este flujo beneficia a las refinerías de Texas, plantea un desafío a largo plazo: si Venezuela logra recuperar su producción interna de diluyentes, la cuota de mercado global de la nafta estadounidense podría verse afectada.
Desde 2023, Venezuela se ha mantenido como uno de los importadores más dinámicos de este derivado en el Caribe. La actual dependencia de la costa del Golfo refuerza la interconexión energética entre ambos países, ahora bajo un esquema de control y vigilancia más estricto por parte de las autoridades norteamericanas.
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