
El joven de 21 años sobrevivió a 19 metros de profundidad tras el colapso del edificio OPP 25 por los sismos del 24 de junio, aferrándose a la fe mientras las tres personas que lo acompañaban fallecieron.
A once días de haber sido extraído con vida de las ruinas del edificio OPP 25 en el sector Tanaguarena, Aaron Levi Cantillo Vargas ofreció un desgarrador y esperanzador testimonio sobre las jornadas que pasó sepultado. En una entrevista concedida a la periodista Shirley Varnagy a través de su cuenta de Instagram, el joven de 21 años detalló cómo la convicción espiritual y la resistencia psicológica fueron determinantes para sobrevivir a una de las peores tragedias recientes de la región.
El calvario de Cantillo comenzó la tarde del pasado 24 de junio, cuando dos fuertes terremotos sacudieron la costa guaireña. Se encontraba en el segundo piso de la estructura visitando a un amigo e intentó evacuar hacia la planta baja, pero la edificación colapsó antes de que pudiera salir. «No tenía comida, no tenía agua, caí de rodillas. Lo primero que hice fue revisar mi cuerpo (…) pero estaba completo», rememoró sobre el impacto inicial que lo dejó confinado en un agujero de 19 metros de profundidad.
Durante las primeras horas, el joven asumió un rol de liderazgo e instó a los demás atrapados a mantener el control y racionalizar el oxígeno, a pesar de enfrentar sus propios momentos de pánico y la constante angustia por el bienestar de su madre. Las limitaciones físicas eran extremas; debido al espacio reducido, Cantillo se veía obligado a permanecer agachado o en posición fetal. Con el paso de las horas, el panorama se tornó más oscuro: las tres personas que se encontraban atrapadas junto a él fallecieron, dejándolo solo en la oscuridad con la única compañía de un gato, al cual logró proteger hasta el final.
El punto de quiebre ocurrió al cuarto día, cuando el eco de las conversaciones de los equipos de emergencia llegó hasta su posición. Tras responder a los llamados con todas sus fuerzas, los rescatistas lograron localizarlo, iniciando una compleja maniobra de extracción que se prolongó por la inestabilidad de la estructura. El joven confesó que el proceso estuvo lleno de ansiedad durante los relevos del personal, momentos en los que llegó a temer el abandono.
Sin embargo, el apoyo del personal de salvamento cambió la dinámica del encierro. Para mantener la estabilidad emocional del sobreviviente, los rescatistas entablaron conversaciones cotidianas, compartieron chistes y escucharon a Cantillo cantar y orar desde el fondo de los escombros. Tras su milagrosa salida, el joven expresó su profundo agradecimiento a los cuerpos de rescate, destacando que, más allá del instinto humano de supervivencia, su motor principal fue la entrega absoluta a sus creencias.
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