
Sumario:
La estabilización del sector requiere una inversión de hasta 50 millardos de dólares en cinco años para frenar los apagones y reactivar la industria petrolera nacional.
El sistema eléctrico venezolano enfrenta un desafío histórico que trasciende la simple falta de mantenimiento. Durante décadas, la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), el mayor consumidor industrial del país, ha operado a niveles mínimos, reflejando el estancamiento de un sector que dejó de recibir inversiones significativas desde la crisis de los años 90. A pesar de las declaratorias de emergencia, los problemas estructurales en generación y transmisión persisten, sumados a una pérdida de ingresos crítica: el 50% de la energía generada no se factura debido a conexiones irregulares.
Oswaldo Felizzola, coordinador del Centro Internacional de Energía y Ambiente de Venezuela, señala que la falta de inversión sostenida ha impedido cualquier mejora real. Esta situación ha fracturado la relación simbiótica entre la estatal Pdvsa y Corpoelec. Históricamente, el intercambio de gas por electricidad mantenía el equilibrio energético, pero hoy el deterioro eléctrico es uno de los principales responsables de la caída en la producción de crudo, ya que sin energía constante los pozos y estaciones de bombeo se paralizan.
Una nueva hoja de ruta para la estabilidad energética
La recuperación del sistema no será un proceso inmediato. Expertos y fuentes cercanas al sector coinciden en que se requiere una arquitectura financiera monumental y una voluntad política sólida. En este contexto, la gestión de Delcy Rodríguez ha buscado canales de cooperación internacional, mientras que desde Washington se observa la incorporación de gigantes petroleros para incentivar la inversión en infraestructura crítica.
La propuesta para el rescate energético establece prioridades claras: la atención urgente de las líneas de transmisión y la recuperación de la capacidad de generación. Estas acciones impactarían directamente en la vida cotidiana de los ciudadanos, quienes actualmente sobreviven a prolongadas jornadas sin suministro. Para facilitar este proceso, ya se ha autorizado la entrada al país de repuestos y servicios especializados de alta tecnología.
Fases de inversión y proyecciones de crecimiento económico
El mapa del rescate se divide en dos etapas críticas que definen el futuro económico del país:
Fase 1: Estabilización operativa. Con una inversión estimada entre 30 y 50 millardos de dólares en un plazo de cinco años, el objetivo es detener los apagones sistémicos y garantizar la energía necesaria para reactivar los campos petroleros.
Fase 2: Reactivación industrial. Para recuperar el músculo económico total y reactivar la CVG, la inversión necesaria podría escalar hasta los 100 millardos de dólares.
Según detalla Felizzola, completar la primera fase garantizaría una mejora sustancial en la producción de petróleo. La segunda etapa, por su parte, permitiría diversificar la economía más allá del crudo, mejorando la calidad de vida y convirtiendo a Venezuela en un destino atractivo para la inversión extranjera. El éxito de este plan depende de una ejecución técnica rigurosa que logre reconectar al país con su potencial industrial perdido.
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