
La confederación gremial señala que la crisis energética actual limita severamente la capacidad de producción de alimentos y urge la apertura de capitales.
El sector agrícola venezolano se encuentra en un punto de inflexión crítico donde la disponibilidad de energía determina directamente la soberanía alimentaria del país. Celso Fantinel, presidente de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro), ha manifestado que el sector privado está preparado para canalizar recursos financieros significativos hacia la infraestructura energética, siempre y cuando se consolide un marco legal seguro que garantice el retorno de estas inversiones a mediano y largo plazo.
Limitaciones críticas en el campo
La realidad de las unidades de producción en estados fundamentales como Portuguesa, Guárico y Zulia es compleja debido a los racionamientos eléctricos prolongados. Estos cortes no programados paralizan los sistemas de riego tecnificado, detienen las cadenas de frío indispensables para la conservación de lácteos y carnes, e interrumpen los procesos automatizados en los silos de almacenamiento de cereales. Fedeagro sostiene que la falta de fluidez eléctrica estable reduce la eficiencia operativa de las fincas en más de un treinta por ciento, incrementando los costos logísticos por el uso alterno de plantas diésel.
Propuestas para la apertura económica
La solución estructural propuesta por el gremio no depende exclusivamente de los presupuestos públicos del Estado, sino de alianzas estratégicas mixtas. Los productores plantean modelos de autogeneración y cogeneración regionalizada, donde consorcios privados puedan asumir la administración y el mantenimiento de subestaciones eléctricas específicas que alimentan a los grandes valles de cultivo. Para que esto ocurra, Fedeagro insiste en la necesidad de adecuar las tarifas del servicio y permitir esquemas de comercialización directa entre las empresas generadoras y los distritos agroindustriales.
Impacto inmediato en los consumidores
La estabilización del suministro eléctrico en las zonas rurales del territorio nacional se traduciría de manera inmediata en una mayor oferta de hortalizas, frutas y granos en los principales mercados urbanos como Caracas, Valencia y Maracaibo. Al disminuir los riesgos de pérdida de cosechas por fallas de refrigeración o bombeo, los precios finales al consumidor final tenderían a estabilizarse, mejorando la seguridad alimentaria de la población. Fedeagro reitera su disposición de trabajar junto a las autoridades técnicas para diseñar un plan nacional de contingencia que priorice los circuitos eléctricos que sostienen la producción agrícola nacional.
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