
El episcopado pide solidaridad y apoyo estructural para las familias afectadas por los sismos del pasado 24 de junio.
Un llamado urgente a la compasión activa
La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) emitió un comunicado oficial en el que insta a las autoridades competentes y a la sociedad en general a «crear las condiciones necesarias» para que los ciudadanos afectados por los devastadores terremotos del pasado 24 de junio puedan reconstruir sus vidas de manera digna.
A través de un mensaje pastoral dirigido a toda la nación, la institución religiosa hizo un firme llamado a «asumir una actitud de compasión verdadera que lleve a aliviar el sufrimiento de quienes lo han perdido todo». La CEV enfatizó que la asistencia no debe limitarse únicamente a la entrega de suministros de emergencia, sino que debe proyectarse hacia una estrategia integral de recuperación económica, social y emocional a largo plazo para las comunidades impactadas.
Reconstrucción material y acompañamiento humano
El pronunciamiento episcopal subraya que la magnitud de los daños materiales exige una respuesta coordinada que trascienda las diferencias políticas o ideológicas. Según el organismo, miles de familias enfrentan actualmente la pérdida de sus viviendas, puestos de trabajo y servicios básicos, lo que incrementa la vulnerabilidad en las zonas epicentrales.
Para los obispos, el proceso de reconstrucción debe priorizar la seguridad habitacional y el restablecimiento de las infraestructuras críticas, garantizando que los recursos destinados a la ayuda lleguen con transparencia y celeridad a las víctimas más desprotegidas. Asimismo, la CEV resaltó el valor del acompañamiento espiritual y psicológico como un Pilar fundamental para sanar el trauma colectivo dejado por este desastre natural.
La Iglesia en acción comunitaria
En el mismo documento, las diócesis y parroquias del país ratificaron su compromiso de mantener abiertas las parroquias como centros de acopio y refugios temporales. Diversas organizaciones caritativas vinculadas a la Iglesia continúan desplegadas en las regiones más golpeadas, distribuyendo alimentos, medicinas y ropa, al tiempo que evalúan las necesidades más urgentes en el terreno.
Finalmente, la Conferencia Episcopal instó a la comunidad internacional y a las organizaciones privadas a mantener la cooperación con las zonas siniestradas. La institución recordó que la fase posterior al desastre suele ser la más difícil, por lo que resulta indispensable evitar que el olvido agrave la precaria situación de los damnificados. La solidaridad persistente será la única garantía para devolver la esperanza a quienes han sufrido este duro golpe.
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